domingo

La Insoportable Levedad del Ser

La Insoportable Levedad del Ser
Milan Kundera

“Te quiero porque eres el polo opuesto al kitsch”.

“es muss sein! Era una alusión. La ultima frase del ultimo cuarteto de Beethoveen esta escrita sobre estos dos motivos… muss es sein? (¿tiene que ser?) es muss sein! (¡tiene que ser!) es muss sein! (¡tiene que ser!)

Tomas nació de la frase “einmal ist Keinmal”. Teresa nació de una barriga que hace ruido.

Una novela no es una confesión del autor, sino una investigación sobre lo que es la vida humana dentro de la trampa en la que se ha convertido el mundo.

El amor es el deseo de encontrar ala mitad perdida de nosotros mismos.

-¿Qué miras?- pregunto ella -Miro las estrellas- dijo -No mientas, no miras las estrellas. Estas mirando hacia abajo.

Kitsch es una palabra alemán que nació en medio del sentido mental del siglo diecinueve y se extendió después a todos los idiomas. Pero la frecuencia del uso dejo borroso su sentido original metafísico, es decir: el kitsch es la negación absoluta de la mierda; en sentido literal y figurado; el kitsch elimina de su punto de vista todo lo que en la existencia humana es esencialmente inaceptable.

Me parece que la sensación que despertaba en Sabina el kitsch soviético era semejante al horror que experimentaba Teresa en el sueño cuando marchaba con las mujeres desnudas alrededor de la piscina y tenía que cantar canciones alegres. Bajo la superficie del agua flotaban los cadáveres. Teresa no podía dirigirle a ninguna de las mujeres ni una sola palabra, ni una sola pregunta. Por respuesta no hubiera oído más que otra estrofa de la canción. ni siquiera podía hacerle un guiño secreto a algunas de las mujeres. En seguida hubiera empezado a hacerle señas al hombre que estaba de pie en el cesto sobre la piscina para que la matase. El sueño de Teresa descubre la verdadera función del kitsch: el kitsch es un biombo que oculta la muerte.
Teresa y Tomas murieron bajo el signo del peso. Ella quería morir bajo el signo de la levedad.

¿Qué quedo de Franz? Una inscripción: Tras tanto andar errante, el regreso.

¡Quién sabe de qué lejanías había vuelto! ¡Quién sabe con qué fantasmas habría luchado! Al ver ahora que estaba en casa y reconocer a sus seres más próximos, tenía que comunicarles su terrible alegría, la alegría del regreso y del renacer.

Nietzsche sale de su hotel en Turín. Ve frente a él un caballo y al cochero que lo castiga con el látigo. Nietzsche va hacia el caballo y, ante los ojos del cochero, se abraza a su cuello y llora.

Si Karenin hubiera sido un hombre y no un perro, seguro que hace tiempo ya le hubiera dicho a Teresa: “Haz el favor, estoy aburrido de llevar todos los días el panecillo en la boca ¿No puedes inventarte algo nuevo?”.

“Aquí yace Karenin. Pario dos panecillos y una abeja”.

El horror es un impacto, un momento de absoluta ceguera. El horror está desprovisto de toda huella de belleza. Nos vemos que la intensa luz del acontecimiento desconocido que aguardamos. La tristeza, por el contrario, presupone que sabemos. Tomas y Teresa sabía que les esperaba. La luz del horror perdió intensidad y el mundo empezó a verse bajo una mirada azulada, tierna, que hacia las cosas más bellas de que lo que eran antes.

El avión aterrizo. Se levantaron y fueron hacía la puerta que les abrió el auxiliar de vuelo. Seguían abrazados de la cintura y se detuvieron en la parte superior de la escalerilla. Vieron abajo a tres hombres con capuchas y fusiles en la mano. Descendieron lentamente y cuando pusieron pie en el suelo del aeropuerto, uno de los hombres levanto el fusil y apunto. No se oyó ningún disparo, pero Teresa sintió que Tomas, que un segundo antes estaba pegado a ella y la cogía por la cintura, caía a tierra. Lo estrecho contra su cuerpo pero no pudo sujetarlo: cayó sobre el cemento de la pista de aterrizaje. Se agacho hacia él. Quería lanzarse encima de él y cubrirlo con su cuerpo, pero en ese momento vio algo extraño: su cuerpo disminuía rápidamente de tamaño. Era algo tan increíble que se quedo paralizada y como clavada ala suelo. El cuerpo de Tomas era cada vez más pequeño, ya no se parecía en nada a Tomas, no quedaba de le mas que algo muy pequeño y aquella cosa pequeña empezó a moverse y echo acorrer y salió huyendo por la pista de aterrizaje. El hombre que había disparado s equito la máscara y le sonrió amablemente a Teresa. Después de giro y corrió tras aquella cosa pequeña que correteaba, confundida, de un lado a otro, como si retrocediese ante alguien y buscase desesperadamente un escondite. Corrieron durante un rato hasta que de pronto el hombre se lanzo a tierra y la persecución termino. Se levanto y volvió a donde estaba Teresa. Llevaba aquella cosa en la mano. Aquella cosa temblaba de miedo. Era un conejo. Se lo dio a Teresa. Y en ese momento desaparecieron el susto y la tristeza y se sintió feliz de tener al animalito en su regazo, de que el animalito fuese suyo y de que pudiera apretarlo contra su cuerpo. Se puso a llorar de felicidad. Lloraba y lloraba, la s lagrimas no la dejaban ver y se llevaba el conejo a casa con la sensación de que ahora ya estaba cerca del objetivo, de que estaba donde quería estar, en ese lugar donde ya no se escapa. Iba por las calles de Praga y encontró su casa sin dificultad. Había vivido allí con papá y mamá cuando era pequeña. Pero ahora no estaba ni papá ni mamá. La recibieron dos ancianos a los que nunca había visto, pero de quienes sabia que eran su bisabuelo y bisabuela. Los dos tenían la piel arrugada como la corteza de los árboles Y Teresa estaba contenta de vivir con ellos. Pero ahora quería estar a solas con su animalito. Encontró fácilmente su habitación, en la que había vivido desde los cinco años, cuando sus padres decidieron que merecía una habitación propia. Había una cama, una mesilla y una silla. En la silla había una lámpara encendida que había estado esperándola todo el tiempo. Encima de la lámpara se había posado una mariposa con las alas abiertas, en las que estaban pintados dos grandes ojos. Teresa sabía que había llegado a la meta. Se acostó en la cama y apretó el conejo contra su cara...

…subieron y fueron a sus habitaciones. Tomas dio vuelta al interruptor y encendió la lámpara. Ella vio dos camas juntas; a lado de una de ellas, una mesa de noche con un alampara, de cuya pantalla, espantada por la luz, voló una mariposa nocturna que se puso a dar vueltas por la habitación. De abajo llegaba tenue el sonido del piano y el violín.

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