martes

LEONORA
Autor: Elena Poniatowska
Biografia a la Pintora Inglesa - "Mexicana" Leonora Carrington


-¿por qué no mejor te cuelgas? Hay muchos árboles afuera y la cuerda es barata.

-¿y quien arropa a la tierra para que se vaya a dormir?

“Me siento parte de la música, denme colores, denme pinceles, déjenme en paz”.

Entra a una covacha tienda de antigüedades cubierta de polvo donde las arañas han tejido hilos, redes, puentes colgantes…

-La virgen esta de mal humor, no quiere ser la madre de Dios.

Le regala el libro de Herbert Read: Surrealismo. En la tapa viene la pintura de Max Ernst Dos niños amenazados por un risueñor.

“Bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una maquina de coser y un paraguas”. Lautréamont 

Los surrealistas tienen por dentro un pasadizo secreto a la alegría.

Siempre me gusto andar a pie, a caballo, en tren, en bicicleta, en lo que sea; lo llevo en la sangre. Creo que en otra vida fui nube.

Se instalan en una casa vacía en Mixcoac…

Lo que mas le gusta es que el veneno para ratas se llama “La ultima cena”

Benjamin Peret se siente mal en México, vive con la cabeza vuelta atrás, le apasiona El Libro del Chilam Balam, la lectura del Popol Vuh lo exalta…

-¿Sabes de donde salio el teléfono con auriculares de langosta que tiene Edward James? De una cena en que él y sus amigos aventaron las cáscaras de langosta contra el techo y una fue a caer encima del teléfono. James le dijo entonces a Dalí que le hiciera una bocina en forma de langosta.

La vanguardia se concentra en torno a la Galeria Souza, que exhibe a los artistas mas inesperados. Tambien el publico es inusual. Maria Felix, Juan Rulfo, Maka Tchernichew, Patsy OGorman. Mathias Goeritz, Gunther Gerszo y Juan Soriano.

Augusta; con cada paso regresa su antigua seducción: nadie ve lo que él ve, nadie divide los rayos del sol, nadie le pone el sombrero a la luna, nadie hace cantar los vasos; no hay nadie con toda esa gama de posibilidades.

Allá en Villa Covadonga despertaba al borde del abismo, en medio del olor a orines; aquí la cama es una hostia, un pañuelo, una nube.

Ni el sol tímido y frío de París, Londres o Roma vale la pena porque se va a encontrar con un sol de a de veras y con casa de tezontle y árboles centenarios y dos grandes volcanes que ya se durmieron.

El Distrito Federal es una ciudad que tiene origen de quimera, sacada de agua, levantada sobre el agua. Los mexicanos viven sobre lo inestable, trampa, marisma y pantano a la vez. Aquí lo real y lo irreal se confunden.

Se instalan en una casa vacia en Mixcoac…

Vi a un hombre cargando un ropero de dos lunas inmensas.
¡Que bueno que en Mexico hay tan poquitas casas, tan poquita gente y toda tan presurosa, tan dispuestas a desaparecer!

Benjamin Peret se siente mal en Mexico, vive con la cabeza vuelta atrás, le apasiona El Libro del Chilam Balam, la lectura de Popol Vuh…

Ponen a hervir su amistad a fuego lento dentro de un caldero celta.

“Voy a ponerme el abrigo de murciélagos”.

Xilitla es un pueblo cafetalero en la Huasteca Potosina, protegido por la Sierra Madre Oriental, con casas de madera y techos de dos aguas. James se adentra en un bosque de lluvia y descubre un pequeño paraíso al que le llaman Las Pozas por que en el río Tranquilin se forman pozas de agua clara. Allí, en medio de una vegetación lujuriosa, predominan las orquídeas, entre ella aparece Plutarco Gastelum…

“Mi casa tiene alas y, a veces, en la profundidad de la noche, canta”.

En Xilitla, James levanta treinta y ocho esculturas de cemento; inmensas flores de pétalos de piedra, tréboles gigantes de 4 hojas, anillos y víboras. Cuando Leonora le dice que le encantaría ser un murciélago, a el se le ocurre El Arco de los Murciélagos para rendirle homenaje, como se lo rinde a Max Ernst. Construye La Casa de los tres pisos que pueden ser cinco, La Casa de los Peristilos, La Casa de las Plantas, La Terraza de los Tigres, El Palacio de Verano.

-¡Aquí esta todo lo que amo! Este es mi cielo y mi abismo. Piranesi y Gaudí, Escher y Chichén Itzá son mis maestros.

Cuando el artista se encuentra a si mismo, esta perdido. No encontrarse nunca es su único logro. Alice

Jung se dedico a la filosofía alquímica y creyó en los prodigios divinos de la naturaleza y de los hombres, si bien comparo a Buda con Cristo, al final de cuentas se quedo con Buda porque Cristo se inmolo y en el análisis Junguiano no hay lugar para las victimas.
Chiki, Gaby, Pablo y Leonora se preguntan por que la gente se aferra a Cristos ensangrentados y se persigna tantas veces. Escriben signos como insectos sobre su cara, su pecho, sus hombros, su vientre. El cuerpo es su propio códice. En Europa, los santos sonríen; en México, el sufrimiento de mártires y almas del purgatorio espeluzna.

-Oye, Leonora, ¿por qué no escribimos juntos una obra?- propone Jodorowsky
-¿qué clase de obra-
-Una opereta surrealista para niños. ¿Se te ocurre algún titulo?
-¿Qué te parece La Princesa Araña, en homenaje a mi inquilina del taller?- dice Leonora.
La Princesa Araña no se concreta, en cambio Jodorowsky monta Penélope y La dama oval.

Cuando Luis Buñuel la llama para ver si quiere participar en la película En este pueblo no hay ladrones, de Alberto Isaac, un amigo suyo campeón de natación, piensa que seria bonito pasar el día al lado de Gabriel García Márquez-con su peinado afro-, de Juan Rulfo, de Carlos Monsivais, del caricaturista Abel Quezada y de María Luisa Mendiza…

-Ma, vivir en Inglaterra no va resolver tus depresiones. Además tu angustia  es tu aliada, es la que te hace pintar-le dice Pablo.

-Yo no sabia nada de México antes de venir, salvo que los mexicanos sacan el corazón. Aquí comprobé que las balaceras superan los sacrificios humanos.

La quesadilla matutina ofrecida por un hombre de cabello blanco le sabe a gloria, el agua del arroyo resulta un diamante licuado.

-¿Una hiena le enseño francés?
-Si, me leyó un capitulo de la Eugenie Grandet de Balzac y prometí regresar a la semana siguiente.

En su Autorretrato, se pinta como un espantapájaros sin rostro cubierto por una sabana y un sobrero de paja para ahuyentar a los pájaros. En la tierra yerma, un cuerpo aguarda su caída. "Ya nada tengo humano", alega y si le pregunta responde categórica: "Porque a los viejos no se nos considera humanos, no somos mas que una bolsa rancia de carne en descomposición, un costal que se deposita en un asilo cuanto empieza a tener mal aspecto. Lo único que nos queda es el miedo y la vergüenza porque la memoria falla, repetimos las mismas cosas a las mismas personas y resulta arduo recordar lo que tenemos que hacer, quizá porque la mente mira mas hacia adentro, mira hacia la muerte".
México me hizo lo que soy porque si me quedo en Inglaterra o en Irlanda no habría añorado el mundo de mi infancia como lo hice aquí… lo que pinto es mi nostalgia.

La conduce por el paseo de la Reforma y Leonora descubre que las figuras que modelo en pequeño, en la oscuridad de su cueva, han crecido hasta convertirse en gigantes. El medico Isaac Masri las coloco a lo largo de la vereda que alguna vez ella recorrió a caballo hasta que se aburrió. Ahora ve como la gente se sienta sobre la Mesa Caníbal y como algunos niños intentan penetrar en la Casa de los Espíritus. Le gusta que su cocodrilo tome el sol y que El horno de Simon Magus mida mas de tres metros. Sus esculturas disfrutan del sol, de los ahuehuetes, de los automovilistas que abren la ventanilla para verlas de lejos.

Es la yegua de la noche, la novia del viento. Los delfines danzan para ella y silban con un sonido que atraviesa sus entrañas, el de la giganta condenada a pintar durante el resto de su vida, la giganta que la soledad mata y esta dispuesta a morir frente al caballete, porque la creación solo es posible en la soledad, porque hay que sumergirse como un delfín. Un caballo salvaje de largas crines repara en la cresta del acuario, otro se refleja en los ojos del delfín ¿Los delfines son caballos? Leonora les cuenta en voz baja de Crookhey Hall, de los sidhes, de Max y de su huida de St. Martin d’ Ardeche, del horror de las convulsiones en Santander, de la Muerte de Maurie, de Nanny, de Remedios, de Jose Horna, y ellos la consuelan con sus ojitos semicerrados y vidriosos, que no son los de Gerard, ni los de Ernst, ni los de Luis Morales, sino unos que la instan a jugar.

-Vives la muerte de los animales, eres como ellos.
-¿Entonces no voy a morir?
-¡Claro que no! Recuerda la frase que te repetías cuando se llevaron a Max: “No estoy destinada a morir”. vas a entrara un pasaje del que saldrás transfigurada.
-¡Dime como hago para salir!- desconfía Leonora.
-Échale ganas para llegar a la otra orilla, como caer.
Ahora apúrate, dame el brazo, tengo prisa, Leonora, tengo muchísima prisa.
-Si son vacaciones, ¿qué tienes que hacer?
-Pintar una giganta.

Ver a Leonora ha sido siempre un privilegio y una alegría porque me remite a mi infancia, a mis padres, a mis orígenes, a los países que tenemos en común. Es una mujer que embruja. Dicen que es blanca, negra y roja; lo cierto es que Leonora hace magia con todos los colores y es la hechicera mas bella que ha llegado a nuestros días. La quemaron tres veces los inquisidores de Inglaterra, Francia y España. Pero ella salio cada vez mas limpia del fuego hasta convertirse en una delgada varilla de metal precioso. Porque ella es la pintora que mas se parece a sus pinceles. Y hay quien dice que pinta con las pestañas.
Visitar su casa siempre es una fiesta. Me considero afortunada de estar cerca de un ser humano y una artista que me hace querer habitar su mundo porque lo vislumbre en la infancia, aunque se me haya perdido en el camino del peridismo.
En épocas recientes, Leonora y yo hemos comido juntas en Sanborns, el Café Tacuba, La Casa Lamm y en Chimalistac. Hace tiempo cenamos en casa de Isaac Masri y Leonora nos hizo reir a Joy Laville, a Monsiváis y a mi al decir que todos llevamos un pequeño Salinas de Gortari dentro.

Monsiváis y yo la acompañamos a distintos homenajes en la UNAM, en la Sala Manuel M. Ponce de Bellas Artes, en el Palacio de Minería, en el Museo José Luis Cuevas, en el Claustro de Sor Juana y hasta en Los Pinos cuando recibió el Premio Nacional del Arte.

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