Para transmitir la felicidad, hay que ser felices. Y para
transmitir el dolor, hay que ser felices. ¡Sean felices, deben sufrir! ¡Deben
sentirse mal!
¡No tengan miedo de sufrir! ¡Todo el mundo sufre!.
Y si no tienen los medios, no se preocupen tanto por hacer
poesía. Una sola cosa es necesaria: Tutto.
Al-Guimelli, viejo amigo, hazme la glicerina.
Se que puedes, si no ella morirá.
Si ella muere, pueden cerrar el show que es este mundo pueden llevárselo, desatornillar las estrellas, enrollar el cielo y ponerlo en un camión, pueden apagar este sol que tanto amo... ¿sabe porque lo amo tanto? Porque la amo cuando la ilumina el sol.
Pueden llevarse todo, estas columnas, estos palacios, la arena, el viento, las ranas, las sandias maduras, el granizo, las 7 de la mañana, mayo, junio, julio, la albahaca, las abejas del mar, las calabazas... calabazas, Al-Guimelli... consígame la glicerina.
Attilio.
Roberto Benigni
27 de Octubre de 1952

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