Steve Jobs
Autor: Walter Isaacson
Me había contado mi hija que el logo de Apple era un
homenaje a Alan Turing, el pionero ingles de la informática que descifro los
códigos alemanes durante la guerra y que después se suicido mordiendo una
manzana rociada con cianuro. Respondió que ojala hubiera pensado en eso, pero
no lo había hecho.
“Los que han sido abandonados acaban abandonando a otros”.
La casa de Jobs, en el numero 286 de Diablo Avenue, al igual
que las demás del mismo vecindario, fue construida por el promotor inmobiliario
Joseph Eichler. Eichler inspirado por la visión de Frank Lloyd Wright de crear
viviendas modernas y sencillas para el ciudadano americano de a pie, construía
casas económicas que contaba con paredes de cristal del suelo al techo,
espacios muy diáfanos, con columnas y vigas a la vista, suelos de bloques de
hormigón y puertas correderas de cristal. “Eichler hizo algo genial-comentaba
Jobs en uno de nuestros paseos por el barrio-. Sus casas eran elegantes y
buenas. Les ofrecían un diseño limpio y un estilo sencillo a personas de pocos
recursos. Tenían algunos detalles impresionantes como la calefacción radial.
Cuando éramos pequeños había moqueta y el suelo siempre estaba caliente”.
Jobs afirmo que el contacto con las casas de Eichler despertó
su pasión por crear productos con un diseño limpio para el gran publico. “Me
encanta poder introducir un diseño realmente bueno y unas funciones en algo que
no sea muy caro-comento mientras señalaba la limpia elegancia de las casas de
Eichler-. Aquella fue la visión original de Apple. Eso es lo que intentamos
hacer con el primer Mac. Eso fue lo que hicimos con el Ipod”.
Cuando Dave Packard y su nueva esposa se mudaron a casa de
Palo Alto que contaba con una cabaña donde su amigo Bill Hewlett se instalo
poco después. La casa tenia un garaje-un apéndice que resulto ser a la vez útil
y simbólico en el valle- en el que anduvieron trasteando hasta crear su primer
producto, un oscilador de audiofrecuencia. Ya en la década de 1950,
Hewlett-Packard era una empresa que crecía rápidamente y que fabricaba material
técnico.
Robert Noyce se llevo consigo a Gordon Moore y fundo una compañía
que paso a conocerse Integrated Electornics Corporation, que ellos abreviaron
elegantemente como Intel.
“Un día, después de clase, me entrego un cuaderno con
problemas de matemáticas y me dijo que me lo llevara a casa y los resolviera.
Yo pensé: “¿Estas loca?” y entonces saco una de esas piruletas gigantescas que
parecían ocupar un planeta entero. Me dijo que cuando lo hubiera acabado, si tenia
bien casi todas las respuestas me daría
aquella piruleta y cinco dólares. Y yo le devolví el cuaderno a los dos
días”.
“El cristianismo pierde toda su gracia cuando se basa
demasiado en la fe, en lugar de hacerlo en llevar una vida como la de Jesús o
en ver el mundo como él lo veía
-me decía-. Creo que las distintas religiones son puertas diferentes para una misma casa. A
veces creo que la casa existe, y otras que no. Ese es el gran misterio”.
A Jobs le gustaba trabajar. También repartió periódicos-su
padre lo llevaba en coche cuando llovía
Comprábamos folletos con las letras de Dylan y nos
quedábamos despiertos hasta altas horas mientras las interpretábamos. Las
palabras de Dylan hacían resonar en nosotros acordes de pensamiento creativo.
“Woz lo llevaba en el bolsillo y entrabamos en un colegio
mayor donde un grupo de chicos estaban por ejemplo viendo Star Trek, y les
fastidiaba la señal. Alguien se acercaba para arreglar el televisor, y, justo
cuando levantaban un pie del suelo, la volvía a poner bien -contorsionándose
sobre el escenario hasta quedar hecho un ocho-
“Si no hubiera sido por las cajas azules, Apple no hubiera
existido –reflexionó más tarde-. Estoy absolutamente convencido de ello. Woz y
yo aprendimos a trabajar juntos, y adquirimos seguridad de que podíamos
resolver problemas técnicos y llegar a inventar productos”.
Jobs se vio profundamente influido por una serie de libros
sobre espiritualidad e iluminación, principalmente Be Here Now (estate aquí
ahora), una guía sobre la meditación y las maravillas de las drogas psicodélicas
de Baba Ram Dass, cuyo nombre de pila era Richard Alpert. “Era profundo -declaro
Jobs-. Nos transformo a mí y a muchos de mis amigos”.
A Kottke y a él también les gustaba jugar a una variante
alemana del ajedrez del siglo XIX
llamada Kriegspiel, en la que los jugadores se sientan espalda con
espalda y cada uno tiene su propio tablero y fichas pero no puede ver las de su
contrincante. Un moderador les informa de si el movimiento que quieren hacer
es legal o ilegal, y tienen que tratar
de averiguar donde se encuentran las piezas del contrario. “La partida mas
alucinante que jugué con ellos tuvo lugar durante una fuerte tormenta eléctrica,
sentados junto a un fuego –recuerda Holmes, que actuaba como moderadora-. Se
habían colocado con ácido. Movían las fichas tan rápido que apenas podía
seguirles”.
“Allí aprendí lo que eran los tipos de letra con y sin
serifa, como variar el espacio que queda entre diferentes combinaciones de
letras y qué es lo que distingue una buena tipografía. Era un estudio hermoso,
histórico y de una sutileza artística que la ciencia no puede aprehender, y me pareció
fascinante”.
“De no haber asistido a esa clase de la universidad, el
sistema operativo Mac, nunca hubiera tenido múltiples tipos de letras o fuentes
con espaciado proporcional. Y como Windows se limito a copiar el Mac, es probable
que ningún personal los tuviera”.
… resolvió el problema de las interferencias, pero en el
proceso dejo completamente desconcertados a los directivos alemanes de traje oscuro.
Estos llamaron a Alcorn para quejarse que el chico se vestía y olía como un mendigo
y su comportamiento era muy grosero. “Yo les pregunté: “Ha resuelto el
problema?, y ellos contestaron: “Si”. Entonces les dije: “¡Si tenéis mas
problemas llamadme, tengo mas chicos como él!”. Ellos respondieron: “No, no, la
próxima vez lo arreglamos nosotros mismos”.
Mientras Jobs comía, el santón –que no era mucho mayor que
Jobs- lo vio entre la multitud, lo señalo y comenzó a reírse como histérico. Se
acerco corriendo, me agarro, soltó un silbido y dijo: “eres igualito que un
bebé” –recordaba Jobs- . A mi no me hicieron gracia aquellas atenciones. El
hombre cogió a Jobs de la mano, lo aparto de la multitud de adoradores y lo
hizo subir a una colina no muy alta donde había un pozo y un pequeño estanque.
“Nos sentamos y el saco una navaja. Yo comencé a pensar que aquel tipo estaba
loco y me preocupe, pero entonces saco una pastilla de jabón (yo llevaba el
pelo largo por aquel entonces). Me enjabono el pelo y me afeito la cabeza. Me
dijo que estaba salvando mi salud”.
Tras regresar tras siete años de los pueblos de la India,
pude darme cuenta de la locura que invade al mundo occidental y de cómo nos
centramos en desarrollar un pensamiento racional. Si te limitas en observar al
mundo, lo inquieta que esta tu mente. Si tratas del calmarla, solo conseguirás
empeorar las cosas pero si la dejas tiempo se va apaciguando, y cuando lo hace
deja espacio para escuchar cosas mas sutiles. Entonces tu intuición comienza a
florecer y empiezas a ver las cosas con mayor claridad y a vivir mas en el
presente. Tu mente deja de correr tan rápido y puedes ver una tremenda
dilatación del momento presente. Puedes ver mucho mas de lo que podías ver
antes. Es una disciplina; falta practicarla.
De hecho Jobs si encontró un maestro en su propio barrio de
Los Altos. Shunryu Suzuki, el autor de Mente zen, mente de principiante, que
dirigía el Centro Zen de San Francisco...
La búsqueda
compulsiva de la conciencia de su propio ser también llevo a Jobs a someterse a
la terapia del grito primal, desarrollada recientemente y popularizada por un
psicoterapeuta de Los Ángeles llamado Arthur Janov. Se basaba en la teoría
Freudiana de que los problemas psicológicos están causados por los dolores
reprimidos durante la infancia, y Janov defendía que podían revolverse al
volver a sufrir esos momentos primarios al tiempo que se expresaba el dolor, en
ocasiones mediante gritos. Jobs prefería aquello a lo habitual terapia de
diván, por que tenia que ver con las sensaciones intuitivas y las acciones
emocionales, y no con los análisis racionales.
John Lennon se había sometido a la misma terapia del grito
primal en 1970, y en diciembre de ese mismo año saco a la venta el tema
“Mother”, con la Plastic Ono Band. En el hablaba de sus sentimientos acerca de
su padre, que lo había abandonado, y su madre, que fue asesinada cuando él era
un adolecente. El estribillo incluye el inquietante fragmento “Mama don´t go,
Daddy come home…“. Holmes recuerda que Jobs solía escuchar mucho esa canción.
Jobs entro descalzo en la habitación, con una túnica de
color azafrán y un ejemplar de Be Here Now, que le entrego a Alcorn e insistió
que leyera. “¿Puedo recuperar mi trabajo?, pregunto.
“Parecía un Hare Krishna, pero era genial volverlo a ver –recordaba
Alcorn-, así que dije que por supuesto.
“Veo a Dios en los instrumentos y en los mecanismos que no
fallan…“.
“Permanece hambriento. Sigue siendo un insensato”.
“Steve se encuentra exactamente en el cruce entra la
contracultura y la tecnología –afirmó-. Aprendió lo que significaba poner las
herramientas al servicios de los seres humanos”.
Mientras cavilaba acerca del microprocesador –un chip que
contaba con toda una unidad de procesamiento central montada en él-, tuvo una
revelación. Había estado diseñando un terminal, con una pantalla y un teclado,
que podría conectarse a un miniordenador a distancia. Mediante el
microprocesador, podría instalar parte de la capacidad del miniordenador dentro
del propio terminal, convirtiendo a este en un pequeño ordenador independiente
que pudiera colocarse en un escritorio. Aquella era una idea solida : un
teclado, una pantalla y un ordenador. Todos ellos en un mismo paquete
individual. “La visión completa de un ordenador personal apareció de pronto en
mi cabeza –aseguró-. Esa noche comencé a realizar bocetos en papel de lo que
posteriormente se conocería como Apple I”
“¡Pulsé unas cuantas teclas y quedé impresionado! Las letras
iban apareciendo en la pantalla”. Era el 29 de Junio de 1975, un hito en la
historia de los ordenadores personales. “Aquella era la primera vez en la
historia –declaró Wozniak posteriormente- en que alguien pulsaba una letra de
un teclado y la veía aparecer justo enfrente, en su pantalla”.
Jobs había vuelto a la All One Farm, donde podo los manzanos
de la variedad Gravenstein, y Wozniak fue a recogerlo al aeropuerto. Durante el
camino de regreso a Los Altos, estuvieron barajando varias opciones.
Consideraron algunas palabras típicas del mundo tecnológico, como “Matrix”,
algunos neologismos, como “Executek”, y algunos nombres que eran directamente
aburridísimos, como “Personal Computers Inc.”. La fecha limite para la decisión
era al dia siguiente, momento en el que Jobs quería comenzar a tramitar el
papeleo. Al final Jobs propuso “Apple Computer”. “Yo estaba siguiendo una de
mis dietas de fruta –explicaría- y acaba de volver del huerto de manzanos.
Sonaba divertido, energético y nada intimidante. “Apple” limaba las asperezas
de la palabra “Computer”. Además, con aquel nombre adelantaríamos a Atari en el
listín telefónico”. Le dijo a Wozniak que si no se les ocurría un nombre mejor
antes del día siguiente por la tarde, se quedarían con “Apple”. Y eso hicieron.
“Apple”. Era una buena elección. La palabra evocaba al
instante simpatía y sencillez. Conseguía a la vez ser poco convencional y tan
normal como un trozo de tarta. Tenia una pizca de aire contracultural, de
desenfado y de regreso a la naturaleza, y aun así no había nada mas americano
que una manzana. Y las dos palabras juntas –“Apple Computer”- ofrecían una
graciosa disyuntiva. “No tiene mucho sentido –afirmo Mark Markkula, que poco
después se convirtió en el presidente de la nueva compañía-, así que pues
obliga a tu cerebro a hacerse a la idea. ¡Las manzanas y los ordenadores no son
algo que pueda combinase! Asi que aquello nos ayudo a forjar una imagen de
marca”.
Incluso después de que Wozniak accediera a que su nuevo diseño
para un ordenador se convirtiera en propiedad de la sociedad Apple, sintió que
debía ofrecérselo primero a Hewlett-Packard puesto que trabajaba allí. “Creía
que era mi deber informar a Hewlett-Packard acerca de lo que había diseñado
mientras trabajaba para ellos –afirmo Wozniak- aquello era lo correcto y lo mas
ético”. Asi pues, se los presento a su jefe y a los socios mayoristas de la
empresa en la primavera de 1976. El socio principal quedo impresionado –y
parecía encontrarse ante un dilema-, pero al final dijo que aquello no era algo
que Hewlett-Packard pudiera desarrollar. Aquel era un producto para aficionados
a la electrónica, al menos por el momento, y no encajaba en el segmento de alta
calidad que ellos se dedicaban. “Me decepciono –recordaba Wozniak-, pero ahora
ya era libre para formar parte de Apple.
Wayne aseguro tener alguna experiencia con la documentación,
así que redacto el texto de tres paginas él mismo. Su dominio de la jerga legal
acabo por inundarlo todo. Con florituras varias: “Hácese notar en el presente escrito…
Conste además en el documento presente… Ahora el precitado (sic), teniendo en
consideración las respectivas asignaciones de los intereses habidos…”. Sin
embargo, la división de las
participaciones y de los beneficios estaba clara (45, 45, 10%), y quedo estipulado
que cualquier gasto por encima de los 100 dólares requeriría el acuerdo de al
menos dos de los socios. Además se definieron las responsabilidades de cada
uno. “Wozniak debía asumir la responsabilidad principal y general del
departamento de ingeniería; Jobs asumiría la responsabilidad general del
departamento de ingeniería electrónica y el de marketing, y Wayne asumiría la
responsabilidad principal del departamento de ingeniería mecánica y
documentación”. Jobs firmo con letra minúscula, Wozniak con una cuidadosa
cursiva y Wayne con garabato ilegible.
“soy frutariano y solo comeré hojas recogidas por vírgenes a la luz de la luna”.
Wayne dibujo un logotipo basándose en las florituras de los
libros ilustrados de ficción de la época victoriana, donde aparecía Newton sentado bajo un árbol y una cita de
Wordsworth “Una mente siempre viajando a través de los extraños mares del
pensamiento, sola”. Era un lema bastante peculiar: encajaba mas en la imagen
que el propio Ron Wayne tenia de si mismo que en Apple Computer. Es probable
que la descripción de Wordsworth de los participantes de la Revolución francesa
hubiera sido una cita mejor: ”¡Dicha estar vivo en ese amanecer,/ pero ser
joven era el mismo cielo!”. Tal como Wozniak comento después con regocijo,
“pensé que estábamos participando en la mayor revolución de la historia, y me
hacia feliz formar parte de ella”.
Si podemos estar al día con sus necesidades, sus sensaciones
y sus motivaciones, podemos responder de forma adecuada y darles lo que
quieren”.
En lugar de una fuente de alimentación lineal convencional,
Holt construyo una versión conmutada como la que se utiliza en los
osciloscopios y otros instrumentos. Aquello significaba que el suministro
electrónico no se encendía y apagaba sesenta veces por segundo, si no miles de
veces, lo que permitía almacenar la energía durante un tiempo mucho menor, y
por lo tanto desprendía menos calor. “Aquella fuente de calor conmutada fue tan
revolucionaria como la placa lógica del Apple II –declaro posteriormente Jobs-.
A Rod no le reconocen lo suficiente este merito en los libros de historia, pero
deberían. Todos los ordenadores actuales utilizan fuentes de alimentación
conmutadas, y todas son una copia del diseño de Rod”. A pesar de toda la
brillantes de Wozniak, esto no es algo que él pudiera haber hecho. “Yo apenas
sabia lo que era una fuente de alimentación conmutada”, reconoció.
“Me pidió que pusiera 50.000 dólares y a cambio me
entregaría un tercio de su compañía –comento Bushnell-. Yo fui listísimo y dije
que no. Ahora me resulta divertido hablar de ello, cunado no estoy ocupado
llorando”.
El 3 de Enero de 1977, se creo oficialmente la nueva
corporación, Apple Computer Co., que procedió a absorber la antigua sociedad
formada por Jobs y Wozniak nueve meses antes. Poca gente tomo noto de aquello.
Aquel mes, el Homebrew Club realizo una encuesta entre sus miembros y se vio
que, de los 181 asistentes que poseían un ordenador personal, solo seis tenían
un Apple. Jobs estaba convencido, no obstante, de que el Apple II cambiaria aquella
situación.
Markkula escribió sus valores en un documento de una hoja, y
lo titulo: “La filosofía de marketing de Apple”, en el se destacaban tres
puntos. El primero era la empatía, una conexión intima con los sentimientos del
cliente. “Vamos a comprender las necesidades mejor que ninguna otra compañía”.
El segundo era la concentración. “Para realizar un buen trabajo en aquello que decidamos
hacer, debemos descartar lo que resulte irrelevante”. El tercer y ultimo valor,
pero no por ello menos importante recibía el incomodo nombre de “atribución”.
Tenia que ver como la gente se forma una opinión sobre una compañía o un producto
basándose en las señales que emiten. “La gente si que juzga un libro por su
cubierta –escribió-. Puede que tengamos el mejor producto, la mayor calidad, el
software mas útil, etcétera; pero si le ofrecemos una presentación chapucera,
la gente pensara que es una chapuza; si lo presentamos de forma creativa y profesional, le estaremos atribuyendo las
cualidades deseadas.
McKenna puso a su equipo a trabajar en los folletos para el
Apple II. Lo primero que necesitaba era sustituir el logotipo de Ron Wayne, con
su estilo ornamentado de un grabado de la época victoriana, que iba en contra
del estilo publicitario colorido y travieso de McKenna. Asi pues Rob Janoff,
uno de los directores artísticos recibió el encargo de crear una nueva imagen.
“No quiero un logotipo mono”, ordeno Jobs. Janoff les presento la silueta de
una manzana en dos versiones, una de ellas completa y la otra con un mordisco.
La primera se parecía demasiado a una cereza, así que Jobs eligió aquella que
le faltaba un trozo. La versión elegida incluía también en la silueta seis
franjas de colores en tonos psicodélicos que iban desde el verde del campo al
azul del cielo, a pesar de que aquello encarecía notablemente la impresión del
logotipo. Encabezando el folleto,
McKenna coloco una máxima que a menudo se atribuye a Leonardo Da Vinci, y que
se convirtió en el precepto fundamental de la filosofía del diseño de Jobs: “La
sencillez es la máxima sofisticación”.
En la primera fiesta de Halloween de la empresa, celebrada
en 1979, se disfrazo con una túnica como Jesucristo, un acto de egolatría semi
irónico que a él le pareció divertido, pero que hizo que muchos asistentes
pusieran los ojos en blanco.
El Apple II no iba seguir siendo un éxito eterno, y él
sabia, independientemente de lo mucho que hubiera contribuido a ensamblarlo…
que siempre se vería como la obra maestra de Wozniak. Necesitaba su propia
maquina. Más aún, quería un producto que, según sus propias palabras, dejara
una marca en el universo.
“El Apple III fue una especie de bebé concebido durante una
orgía en la que todo mundo acaba con un terrible dolor de cabeza, y cuando
aparece ese hijo bastardo todos dicen: No es mío”. Randy Wigginton. Ingeniero.
El acrónimo que inventaron a posteriori fue “Local
Integrated Systems Architecture”, o “Arquitectura de Sistemas Integrados
Locales”, y a pesar de no tener ningún sentido se convirtió en la explicación
oficial para el nombre. Entre los ingenieros a él como: “Lisa: Invented Stupid
Acronym” (Lisa: Acrónimo Estúpido Inventado”). Años mas tarde cuando le
pregunté por aquel nombre, Jobs se limito a admitir: “Obviamente, lo llame así
por mi hija”.
…los ingenieros del Xerox PARC comenzaron a desarrollar gráficos
sencillos que pudieran reemplazar todas las líneas de comandos e instrucciones
de los sistemas operativos DOS, responsables de que de las pantallas de los
ordenadores resultaran tan intimidantes. La metáfora que se les ocurrió fue la
de un escritorio. La pantalla contendría diferentes documentos y carpetas, y se
podría utilizar un ratón para señalar y pulsar en el que se deseara utilizar.
Picasso tenia un dicho: “Los artistas buenos copian y los
artistas geniales roban”, y nosotros nunca hemos tenido reparo alguno en robar
ideas geniales. Steve Jobs.
En los anales de la innovación, las nuevas ideas son parte
de la ecuación. La ejecución es igualmente importante.
Jobs adoraba algunos objetos, especialmente aquellos que
estuvieran diseñados y fabricados con elegancia, como los Porsche y los
Mercedes, los cuchillos Henckel y los electrodomésticos Braun, las motocicletas
BMW y las fotografías de Ansel Adams, los pianos Bösendorfer y los equipos de
sonido Bang & Olufsen.
Raskin llego al garaje, vio a Wozniak trabajando como una
hormiguita sobre el banco de trabajo, y Jobs le convenció para que hiciera el
manual por 50 dólares. Acabaría convirtiéndose en el director del departamento
de publicaciones de Apple. Uno de sus sueños era construir un ordenador económico
para las masas, y en 1979 convenció a Mark Markkula para que lo pusiera a cargo
del diminuto proyecto semioficial y semi clandestino bautizado como “Annie”.
Otoño de 1979… “No te preocupes por el precio, tú detállame
las funciones que tiene que tener el ordenador”, le ordenó. Raskin respondió
con una nota sarcástica. En ella se enumeraba todo lo que uno podría desear en
un ordenador: una pantalla en color de alta resolución con espacio para 96
caracteres por línea, una impresora sin cinta que pudiera generar cualquier
grafico en color a una velocidad de una pagina por segundo, acceso ilimitado a
la red ARPA, reconocimiento de voz y la capacidad de sintetizar música “e
incluso emular a Caruso cantando con el Coro del Tabernaculo Mormon, con
reverberación variable”. La nota concluía: “Comenzar por una lista de funciones
no tiene sentido. Debemos empezar fijando un precio y un conjunto de funciones,
y tener controladas la tecnología actual y la de un futuro inmediato”. En otras
palabras, Raskin no tenia paciencia para adaptarse a la creencia de Jobs de que
podía distorsionar la realidad si sentías una pasión suficientemente intensa
por tu producto.
En ocasiones llevaba un candidato a una sala donde había un
prototipo del Mac cubierto por una tela, lo descubría con teatralidad y
observaba la escena. “Si se les iluminaban los ojos, si se lanzaban derechos al
ratón y comenzaban a moverlo y a pulsarlo, Steve sonreía y los reclutaba
–recordaba Andrea Cunningham-. Quería que todos gritaran sorprendidos ante el
Mac”.
Creía ser especial, alguien elegido e iluminado. “Cree que
hay pocas personas especiales (Einstein, Gandhi y los gurús que conoció en la
India), y que él es uno de ellos –afirmo Hertzfeld-. Así se lo dijo a Chrisann.
En una ocasión llego a sugerirme que era iluminado. Como Nietzsche”. Jobs nunca
había estudiado la obra de Nietzsche, pero el concepto del filosofo de la
voluntad de poder y de la naturaleza especial del superhombre parecía encajar
en él de forma natural. Así habló Zaratrusta: “El espíritu quiere ahora su
voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo”.
“Aprendimos a interpretar e “esto es una mierda” como una
pregunta que significaba: ¿Dime por qué es esta la mejor forma de hacerlo?”.
“Si con ello pudieras salvarle la vida a una persona,
¿encontrarías la forma de acortar en diez segundos el tiempo de arranque?”, le
pregunto. Kenyon concedió que posiblemente podría. Jobs se dirigió a una
pizarra y le mostro que si había cinco de millones de utilizando el Mac y
tardaban diez segundos de más en arrancar el ordenador todos los días, aquello
sumaba 300 millones de horas anuales que la gente podría ahorrarse, lo que
equivalía a salvar cien vidas al año. “Larry quedo impresionado, como era de esperar,
y una semana mas tarde se presento con un sistema operativo que arrancaba
veintiocho segundos mas rápido –recordaba Atkinson-. Steve tenia la forma de
motivar a la gente haciéndoles ver una perspectiva mas amplia.
“Jobs se veía a si mismo como un artista, y nos animaba a
los del equipo de diseño a que también pensáramos en nosotros mismos como
artistas –comento Hertzfeld-. El objetivo nunca fue superar a la competencia o
ganar mucho dinero, si no el de fabricar el mejor producto posible, o incluso uno
todavía mejor”. Hasta el punto de que llevo a su equipo a ver una exposición de
cristales de Tiffany en el Museo Metropolitano de Nueva York, porque creía que
podrían aprender del ejemplo de Louis Tiffany, que había creado un tipo de arte
susceptible de ser reproducido en serie.
“Hablamos acerca de cómo Louis Tiffany no había producido
todo aquello con sus propias manos, si no que había sido capaz de transmitir
sus diseños a otras personas –recordaba Bud Tribble-. Entonces nosotros nos
dijimos: Oye, ya que vamos a dedicar nuestra vida a construir estos aparatos,
mas vale que lo hagamos bonitos”.
El primer despacho de la empresa, una vez que salieron del
garaje familiar, estaba situado en un pequeño edificio que compartían con una
oficina de ventas de Sony. Esta compañía era celebre por su imagen de marca y
sus memorables diseños de productos, así que Jobs se paseaba por allí para
estudiar su material de marketing. “Entraba con su aspecto desaliñado y
rebuscaba entre los folletos de los productos para señalar algunas
características de los diseños –comentó Dan´l Lewin, que trabajaba allí -. De vez
en cuando nos preguntaba “¿puedo llevarme este folleto?”. Para 1980, Jobs ya
había contratado a Lewin.
Su afición por la imagen oscura e industrial de Sony fue menguando
cuando fue a asistir, desde Junio de 1981, a la Conferencia Internacional de
Diseño de Aspen. La reunión de ese año se centraba en el estilo italiano, y
contaba con el arquitecto y diseñador Mario Bellini, el cineasta Bernardo
Bertolucci, el proyectista de coches Sergio Pininfarina y la política heredera
de Fiat, Susanna Agnelli. “Había llegado a adorar a los diseñadores italianos
–recordaba Jobs-, así que para mi eran una increíble fuente de inspiración”.
“Lo que vamos a hacer es crear productos de alta tecnología
y darles una presentación diáfana para que todo el mundo sepa que son de alta
tecnología. Los meteremos en un paquete de pequeño tamaño, y podemos hacer que
sean bonitos y blancos, igual que hace Braun con sus electrodomésticos”.
“Queremos que sean brillantes y puros y que no oculten el
hecho de que son de alta tecnología, en lugar de darles un aspecto industrial
basado en el negro, negro, negro y negro, como Sony –proclamó-. Este va hacer nuestro
enfoque: un producto muy sencillo en el que de verdad estemos tratando de
alcanzar una calidad digna de un museo de arte contemporáneo. La forma en que
dirigimos nuestra empresa, el diseño de los productos, la publicidad, todo se
reduce a lo mismo: vamos a hacerlo sencillo. Muy sencillo”. El mantra de Apple
siguió siendo aquel que figuraba en su primer folleto. “La sencillez es la
máxima sofisticación”.
“El factor principal de nuestro diseño es que tenemos que
tratar de hacer que las cosas resulten obvias de forma intuitiva –expuso Jobs ante
la multitud de expertos de diseño. Para ilustrarlo, alabo la metáfora del
escritorio que estaba creando para el Macintosh-. La gente de forma intuitiva
como manejarse en un escritorio. Si entras en un despacho, veras que sobre la
mesa hay varios papeles. El que esta arriba del todo es el mas importante. La
gente sabe como asignar prioridades a sus tareas. Parte de la razón por la cual
basamos nuestros ordenadores en metáforas como la del escritorio es que así
podemos aprovechar la experiencia que la gente ya tiene”.
Tenia una lámpara de Richard Sapper, a quien admiraba, y
también le gustaban los muebles de Charles y Ray Eames y los productos que
Dieter Rams había diseñado para Braun. Sin embargo no había figuras imponentes
en el campo del diseño industrial con la fuerza con la que lo había hecho
Raymond Loewy y Herbert Bayer.
“… su sensibilidad para el diseño es elegante sin resultar
chillona, y también es algo juguetona. Adopto el minimalismo, que le venia de
su devoción por el zen y la sencillez, pero evito que aquello convirtiera sus
productos en algo frio. Seguían siendo divertidos. Se apasiona y se toma extremadamente
en serio el diseño, pero al mismo tiempo le da un aire lúdico”.
Mientras la sensibilidad diseñadora de Jobs evolucionaba, se
sentía particularmente atraído por el estilo japonés y comenzó a pasar mas
tiempo con sus estrellas, como Issey Miyake e I.M. Pei. Su formación budista
supuso una gran influencia para él. “Siempre he pensado que el budismo, y el
budismo zen japonés en particular, tiene una estética magnifica –señaló-. Lo
mas sublime que jamás he visto son los jardines que rodean Kioto. Me conmueve
profundamente todo lo que esa cultura ha
creado, y eso viene directamente del budismo zen”.
Hertzfeld recuerda que cuando Atkinson mostro la versión de
prueba todo mundo quedo impresionado menos Jobs. “Bueno, los círculos y los óvalos
están bien –dijo-, pero ¿qué hay de los rectángulos con bordes redondeados?.
“No creo que nos hagan falta”, respondió Atkinson, que paso
a explicarle que aquello era casi imposible… “¡Los rectángulos con bordes
redondeados están por todas partes! –grito Jobs, levantándose de un salto y con
tono mas vehemente-. ¡Échale un vistazo a esta habitación!”. Señalo la pizarra,
la superficie de la mesa y otros objetos que eran rectangulares pero tenían los
bordes curvados. “¡Y mira fuera, hay todavía más, cualquier sitio al que
mires!.
En la asignatura de caligrafía a la que había asistido en
Reed, Jobs había aprendido a adorar los tipos de letra en todas sus variantes,
con y sin remates, con espaciado proporcional y diferentes interlineados.
“Cuando estábamos diseñando el primer Macintosh, recordé todo aquello”, afirmo, refiriéndose a
aquellas clases. Como el Mac tenía una configuración en mapa de bits, era
posible diseñar un conjunto interminable de fuentes, desde la mas elegantes a
las más alocadas, y que aparecieran pixel por pixel en la pantalla.
Para diseñar estas fuentes, Hertzfeld recurrió a una amiga
del instituto que vivía a las afueras de Filadelfia, Susan Kare. Bautizaron las
fuentes con las paradas del viejo tren de cercanías de la línea principal de
Filadelfia: Overbook, Merion, Ardmore y Rosemont. A Jobs le fascino todo el
proceso. Después, una tarde, se paso a verlos y comenzó a criticar el nombre de
las fuentes. Eran “puebluchos de los que nadie había oído hablar –se quejó-. ¡Deberían
tener los nombres de ciudades de fama mundial!”. Y por eso, según Kare, ahora
hay fuentes con nombres de ciudades importantes: Chicago, New York, Geneva,
London, San Francisco, Toronto, Venice.
Hubo un momento en que Kare y Atkinson se quejaron de que
les estaba haciendo emplear demasiado tiempo en aquellos detalles ínfimos de la
barra de menú cuando tenían detalles mas importantes que hacer. Jobs se puso
hecho una furia. “¿Podéis imaginaros como seria ver esto todo los días?
–gritó-. No es un detalle ínfimo, es algo que tenemos que hacer bien.
“aquel apretón de manos dio origen a una de las
colaboraciones mas decisivas en la historia del diseño industrial”. La compañía
de Esslinger, frogdesign,* se estreno en Palo Alto a mediados de 1983 con un
contrato de trabajo con Apple por 1,2 millones de dólares al año, y desde
entonces todos los productos de Apple han incluido una orgullosa afirmación: “Diseñado
en California”.
“Quiero que se vea tan hermoso como se pueda, incluso si va
a ir dentro de la caja. Un gran carpintero no utiliza madera mala para la parte
trasera de la vitrina, aunque nadie vaya a verla”.
“Cuando eres carpintero y estas fabricando un hermoso arcon,
no utilizas un trozo de contrachapado en la parte de atrás, aunque vaya a estar
colocado contra la pared y nadie lo vea nunca. Tú sí que sabes que está ahí,
así que utilizas una buena pieza de madera para la parte trasera. Para poder
dormir bien por las noches, la estética y la calidad tienen que mantenerse
durante todo proceso.
Cuando el diseño quedo finalmente decidido, Jobs reunió a todo
el equipo del Machintosh para una ceremonia. “Los verdaderos artistas firman su
obra”, afirmó, y entonces sacó un cuaderno y un bolígrafo de la marca Sharpie e
hizo que todos ellos estamparan su firma. Las firmas quedaron grabadas en el
interior de cada Machintosh. Nadie las vería nunca, a excepción de algún
técnico de reparación ocasional, pero cada miembro del equipo sabía que su
firma estaba ahí adentro, de la misma manera que sabían que la placa base había
sido dispuesta con toda elegancia posible. Jobs fue llamándolos uno a uno por
su nombre. Burrell Smith fue el primero. Jobs espero hasta el ultimo, hasta que
los cuarenta y cinco miembros hubieron firmado. Encontró un hueco justo en
medio de la hoja y escribió su nombre en letras minúsculas con una gran
floritura final. Entonces propuso un brindis con champán. “Gracias a momentos
como este, consiguió que hiciéramos nuestro trabajo como una forma de arte”,
dijo Atkinson.
“Con su elegante estilo de ventas y una fe ciega que habría
sido la envidia de los primeros mártires cristianos, es Steve Jobs, mas que
ningún otro, quien abrió la puerta de una patada y permitió que el ordenador personal entrara a los hogares”.
Michael Moritz. Portada revista Time.
“Cuando salga al mercado, el Mac va ser el ordenador mas
increíble del mundo”. También reconocía que el Mac y el Lisa no iban a ser
compatibles. Aquello era como presentar el Lisa herido de muerte.
Un día entrevisto, junto con Hertzfeld y Smith, a un
candidato al puesto de director de software… ¿Qué edad tenias cuando perdiste
la virginidad? ¿Eres virgen? ¿Cuántas veces haz probado LSD?
Otras de las paginas contenía una frase similar a un koan
que, según me conto, era su máxima favorita. “El viaje es la recompensa”.
“Los auténticos artistas acaban sus productos”.
…se acordó que cada vez que el Macintosh se abriera el
programa de dibujo que él estaba creando, en la pantalla podía leerse
“Macpaint, por Bill Atkinson”.
“La mayoría de la genta iba vestida mas informalmente que el
personal de mantenimiento de PepsiCo”. Sculley
“Queremos cambiar la manera en que la gente utiliza los
ordenadores”.
“Parecía mas un hombre del espectáculo que del mundo de los
negocios. Cada movimiento parecía calculado, como si lo hubiera ensayado para
hacer que aquel momento resultara especial”. Sculley sobre SJ.
Posteriormente, el propio Sculley narro aquel momento de
máxima intensidad: Steve agacho la cabeza y se miro los pies. Tras una pausa
pesada e incomoda, planteo una pregunta que me atormento durante días: “Quieres
pasarte e resto de tu vida vendiendo agua azucarada o quieres una oportunidad
para cambiar el mundo”.
“¡Noventa horas a la semana, y encantados!”
“Trabajamos setenta
horas a la semana y conseguimos vender nuestro producto”.
“Trabajamos sesenta horas a la semana, y ganamos dinero para
financiar el Lisa y el Mac”.
Se podían leer en las sudaderas.
…Sculley decidió que necesitaba añadir 500 dólares al
precio. Para él, los gastos de publicidad eran igualas a cualquier gasto de
producción y, por tanto, debían incorporarse al precio de venta. Jobs se resistió.
“Eso destruiría por todo aquello que luchamos –afirmó-. Quiero que esta sea una
revolución, no un esfuerzo por exprimir al cliente en busca de beneficios”.
Sculley le respondió que la elección era sencilla: podía tener un producto de
1.995 dólares o podía contar con un presupuesto de publicidad con el que
preparar una gran presentación, pero no las dos cosas.
…a Jobs le hervía la sangre al recordar a aquella decisión.
“Fue la razón principal por la cual las ventas del Macintosh se redujeron y
Microsoft llego a dominar el mercado”.
Una marca en el universo
“Para crear un nuevo estándar no basta con producir algo que
sea ligeramente diferente; a de ser realmente nuevo y cautivar la imaginación
de la gente. Y el Macintosh, de todas las maquinas que yo e visto, es el único
que cumple con ese requisito”. Bill Gates.
“Me gustaría comenzar la reunión –anuncio- con un poema
escrito hace veinte años por Dylan. Bob Dylan, quiero decir”. Esbozo una
pequeña sonrisa y entonces bajo la vista para leer la segunda estrofa de la
canción The Times They Are A Changin”. La voz le salía aguda y veloz mientras
recitaba a toda prisa los diez primeros versos y acababa con.. “Fort he losers
now/ Will be later to win / Fort the times they are a changin”. (Por que el que
ahora pierde, ganará después, porque los tiempos están cambiando).
El día en que presento el Macintosh, un periodista de
Popular Science le pregunto a Jobs que tipo de investigación de mercados había
llevado a cabo. A lo cual Jobs respondió burlón: “¿Acaso Alexander Graham Bell
realizo un estudio de mercado antes de inventar el teléfono?”.
Cuando el Excel para Macintosh salió al mercado, Jobs y
Gates lo celebraron juntos en una cena con los medios de comunicación en el
restaurante neoyorquino Tavern on the Green. Cuando le preguntaron si Microsoft
iba a preparar una versión del programa para las PC de IBM, Gates no revelo el
pacto al que había llegado con Jobs, si
no que se limito a contestar que, “con el tiempo”, aquella era una posibilidad.
Jobs se hizo con el micrófono: “Estoy seguro de que, “con el tiempo”, todos estaremos
muertos”, bromeó.
“Yo estaba como un
observador fascinado cuando Jobs comenzó a gritarle a Bill”, afirmo Hertzfeld.
“¡Nos estas enfadando! –grito-. ¡Yo confiaba en ti y ahora
nos estas robando!”. Hertzfeld recuerda que Gates se limito a aguardar
tranquilamente, mirando a Steve a los ojos.
“El único problema con Microsoft es que no tienen gusto, no
tienen absolutamente nada de gusto –declaró-. Y no hablo de una falta de gusto
en las cosas pequeñas, sino en general, en el sentido que no tienen ideas
originales y no le aportan ninguna cultura a sus productos… así que me siento
triste, pero no por el éxito de Microsoft; no tengo ningún problema con su
éxito, se lo han ganado en su mayor parte. Lo que me supone un problema es que
sus productos son de muy mala calidad”.
Asistió a la fiesta que Yoko Ono había preparado para su
hijo, Sean Lennon, y le regalo al niño de nueve años un Macintosh. Al chico le
encanto. Allí se encontraban los artistas Andy Warhol y Keith Haring, y ambos
quedaron tan maravillados por lo que podían crear con aquella maquina del mundo
del arte contemporáneo estuvo apunto de tomar un rumbo funesto. “He dibujado un
circulo”, exclamo Warhol con orgullo tras utilizar el QuickDraw. Warhol
insistió en que Jobs debía de llevarle un ordenador a Mick Jagger. Cuando Jobs
llego al chalé de la estrella del rock junto a Bill Atkinson, Jagger se mostro
perplejo. No sabia muy bien quien era Jobs. Posteriormente este le conto a su
equipo: “Creo que estaba colocado. O eso ha sufrido daños cerebrales”. A Jade,
la hija de Jagger, no obstante, le encanto el ordenador desde el primer momento
y comenzó a dibujar con el MacPaint, así que Jobs se lo regalo a ella en lugar
de a su padre.
Compro el
dúplex que le había mostrado a Sculley en las dos plantas superiores de los
apartamentos San Remo de la avenida Central Park West, en Manhattan, y contrato
a James Freed, del estudio de diseño de I.M.Pei, para que lo renovara, pero
debido a su habitual obsesion por los detalles nunca llego a mudarse a allí
(posteriormente se lo vendió al cantante Bono por 15 millones de dólares).
Yo iba a la fabrica con un guante blanco para comprobar. Si
había polvo. Lo encontraba en todas partes: en las maquinas, encima de los
estantes, en el suelo. Y entonces le decía a Debi que ordenara su limpieza. Le
dije que tenia que ser posible comer en el suelo mismo de la fabrica. Pues
bien, aquello enfurecía completamente a Debi. Ella no entendía porque deberías
poder comer en el suelo de una fabrica, y yo no podía expresarlo por palabras
por aquel entonces. Veras, me influyo mucho todo lo que vi en Japón. En parte,
lo que mas admire allí –y era una parte de la que nuestra fabrica carecía- fue
el espíritu de trabajo en equipo y la disciplina. Si no éramos lo
suficientemente disciplinados como para que la fabrica estuviera impecable,
entonces no tendríamos la disciplina suficiente para que todas aquellas
maquinas funcionaran correctamente.
TREINTA AÑOS. La invitación rezaba: Hay un viejo dicho hindú
que afirma: “En los primeros treinta años de tu vida, tu defines tus hábitos.
Durante los últimos treinta, tus hábitos te definen a ti”. Ven a festejar los míos.
Si quereis vivir de forma creativa, como un artista, no debes
mirar demasiado atrás. Tienes que estar dispuesto a recoger todo lo que eres y
todo lo que haz hecho y arrojarlo por la ventana.
Cuanto mas se esfuerza el mundo exterior por fijar una
imagen de quien eres, mas difícil resulta seguir siendo un artista, y por esa
razón muchas veces los artistas tienen
que decir… “Adiós, tengo que irme. Me estoy volviendo loco y tengo que salir de
aquí”. Y entonces se van a hibernar a algún otro sitio. A lo mejor después
resurgen levemente cambiados.
Dylan había publicado a principios de aquella semana un
nuevo álbum, Empire Burlesque, y Hertzfeld llevo una copia que escucharon en el
tocadiscos de alta tecnología de Jobs. La canción mas destacada, “When the
Night Comes Falling from the Sky”, con un mensaje apocalíptico, parecía
apropiada para la velada, pero a Jobs no le gusto. Le parecía que sonaba como a
música de discoteca, y aseguro con tono sombrío
que Dylan había ido decayendo desde Blood on the Tracks, así que
Hertzfeld movió la aguja hasta la ultima canción del disco “Dark Eyes”, que era
un tema acústico sencillo en el que Dylan cantaba únicamente con una guitarra y
una armónica. Era una canción triste y lenta, y Hertzfeld esperaba que le
recordara a Jobs los primeros temas del cantante que tanto adoraba. Sin
embargo, a Jobs tampoco le gusto, y ya no tenia ganas de escuchar el resto del
álbum.
En Florencia, Jobs se empapo de la arquitectura de la ciudad
y de la textura de los materiales de construcción. Quedo particularmente
impresionado por las losas del suelo, que provenían de la cantera Il Casone,
situada junto a la localidad toscana de Firenzuola. Eran de un gris azulado muy
relajante, intenso pero agradable. Veinte años después, decidiría que el suelo
de la mayoría de las principales tiendas de Apple usara aquella arenisca de la
cantera Il Casone.
Jobs también mostro su lado mas batallador en Moscú cuando
insistió en hablar de Trotsky, el carismático revolucionario que había perdido
a favor de Stalin y a quien este había mandado a asesinar. En un momento dado,
un agente de la KGB que le había sido asignado le sugirió moderar su fervor…
“No debe de hablar de Trotsky – le indico -. Nuestros historiadores han
estudiado la situación y ya no creemos que sea un gran hombre”. Aquello empeoro
las cosas. Cuando llegaron a la Universidad Estatal de Moscú para dirigirse a
los estudiantes de informática, Jobs comenzó un discurso con una alabanza a
Trotsky. Era un revolucionario con el que Jobs podía identificarse.
…una fotografía enmarcada. En ella se veía a Jobs y a
Sculley manteniendo una agradable conversación, con una dedicatoria escrita
siete meses atrás: “¡Por las grandes ideas, las grandes experiencias y una gran
amistad! John”. El cristal del marco estaba hecho añicos. Jobs lo había
arrojado contra la pared antes de marcharse. Desde ese día, nunca mas volvió a
dirigirle la palabra a Sculley.
El primer instinto que dejo crecer sin cortapisas fue la
pasión por el diseño. El nombre que eligió para su siguiente compañía era
bastante directo: “Next” (Siguiente en ingles). Para hacer mas identificable, decidió
que necesitaba un logotipo de primer orden, así que cortejo al mandamás de los
logotipos empresariales, Paul Rand. Este diseñador grafico de setenta y un años
nacido en Brooklyn ya había creado alguno de los logotipos mas conocidos del
mercado, como los de la revista Esquire, IBM, la firma Westinghouse, la cadena
de televisión ABC y el servicio de mensajería UPS.
…Jobs decidió que el ordenador tendría forma cubica. Le encantaba
aquella forma, era perfecta y sencilla. Así pues, Rand decidió que el logotipo también
fuera un cubo, uno inclinado con un atrevido ángulo de 28 grados. Cuando Jobs
le pregunto si pensaba diseñar varias opciones para que él eligiera una, Rand
aseguraba que él no creaba opciones diferentes para sus clientes. “Resolveré tu
problema y tú me pagaras –le dijo a Jobs-. Puedes utilizar lo que yo produzca o
no, pero no presentare varias opciones, y en cualquier de los casos me
pagaras”.
Jobs admiraba
aquel tipo de razonamiento. Podía sentirse identificado con él, así que propuso
un trato bastante arriesgado. La compañía le haría entrega de 100,000 dólares
como único pago a cambio de un único diseño. “Nuestra relación era muy clara –afirmó
Jobs-. El era un artista muy puro, pero también astuto en las negociaciones.
Tenia un exterior muy duro, y había perfeccionado su imagen de cascarrabias,
pero por dentro era un osito de peluche”. Aquel fue uno de los mayores halagos
de Jobs: un artista muy puro.
Rand necesito solo dos semanas.
…le entrego un elegante cuaderno con el que describía el
proceso mental que había seguido: “Por un diseño, disposición del color y orientación,
el logotipo es un estudio de contrastes –proclamaba el cuaderno-. El cubo,
inclinado en un desenfado ángulo, rebosa de la informalidad, la simpatía y la espontaneidad
de un sello navideño y de la autoridad de un cuño oficial”. La palabra “Next”
estaba divida en dos líneas para llenar la cara cuadrada del cubo, y solo la
letra “e” iba en minúscula. Esa letra, según explicaba el cuaderno de Rand,
destacaba por connotar “educación, excelencia (…) e=mc2”.
…Jobs se quedo mirando la ultima hoja, levanto la vista
hacia Rand y entonces lo abrazo. Solo tuvieron un desacuerdo de poca
importancia: el diseñador había utilizado un amarillo oscuro para la “e” del
logotipo, y Jobs quería que lo cambiara por un tono amarillo mas brillante y
tradicional. Rand golpeo la mesa con el puño y espeto: “Llevo cincuenta años
dedicándome a esto y se lo que hago”. Jobs no insistió.
Jobs le encargo a I. M. Pei el diseño de unas grandes
escaleras que parecieran flotar en el aire. El arquitecto aseguro que no podía construirse
algo así. Jobs repuso que si se podía, y se pudo. Años mas tarde, Jobs
convirtió ese modelo de escaleras en un rasgo característico de las tiendas
Apple.
Jobs solo se reunió en una ocasión con George Lucas, quien
le advirtió de que aquel departamento estaba mas preocupada por crear películas
de animación que por fabricar ordenadores, “Estos chicos están obsesionados con
la animación”, le dijo Lucas.
El elemento de hardware mas importante de aquel departamento
era un ordenador llamado “Pixar Image Computer”, y la nueva empresa tomo su
nombre. El punto que tuvieron que acordar fue el lugar de la firma: Jobs quería
hacerlo en su despacho de NeXT, y los trabajadores de Lucas films preferirían
que fuera en el rancho Skywalker. Al final llegaron a una solución de
compromiso y se reunieron en un bufete de abogados de San Francisco.
“Me parece que los seres humanos son animales creativos
capaces de descubrir formas nuevas e
inteligentes de utilizar una herramienta nunca imaginada por su inventor
–declaro posteriormente-. Pensé que eso es lo que ocurriría con el ordenador de
Pixar, igual que había sucedido con el Mac”.
…Pixar contaba con un programa de renderizado llamado Reyes
(un acrónimo de la expresión en ingles “Crea todo lo que hayas visto jamás”),
que generaba gráficos e imágenes en tres dimensiones. Después de que Jobs se
convirtiera en el presidente de la compañía, crearon un nuevo lenguaje y una
nueva interfaz –llamado RenderMan- que, según esperaban, se iba a convertir en
un estándar para la creación de imágenes tridimensionales, de la misma manera
que el PostScript de Adobe había llegado a ser el estándar de la impresión
laser.
El apartado de animación digital de Pixar –el grupo que creo
los pequeños cortometrajes animados- era en primer momento un proyectó
secundario cuyo objetivo principal radica en demostrar el potencial del
software y del hardware de la compañía. Estaba dirigido por John Lasseter, un
hombre de rostro y actitud angelicales que ocultaban un perfeccionismo
artístico a la altura del de Jobs. Lasseter, nació en Hollywood, adoraba desde
niño los dibujos animados de los sábados por la mañana. En su primer año de
instituto escribió un informe sobre el libro El arte de la animación, una
historia de los Estudios Disney, y en ese momento se dio cuenta de lo que
deseaba hacer el resto de su vida.
“Todo lo que te pido, John, es que hagas que sea genial”.
El resultado, Tin Toy (“Juguete de Hojalata”), obtuvo el
Oscar de 1988 al mejor cortometraje animado, y fue el primero creado por ordenador
en obtener el premio. Para celebrarlo, Jobs se llevo a Lasseter y su equipo a
Greens, un restaurante vegetariano de San Francisco. Lasseter cogió el Oscar,
que se encontraba en el centro de la mesa, lo sostuvo en alto y pidió un
brindis para Jobs diciendo: “Lo único que pediste fue que hiciéramos una
película genial”.
Según le dijo Catmull : “Puedo irme a Disney y ser un
director, o puedo quedarme aquí y hacer historia”.
Simpson convirtió su búsqueda de Jandali en la base de su
segunda novela, The Lost Father (“El Padre Perdido”), que se publico en 1992.
(Jobs convenció a Paul Rand, el diseñador que había creado el logotipo de NeXT,
para que realizara la portada, pero, según Simpson; “era horrorosa y nunca
llegamos a utilizarla”.)
Joanne a menudo lloraba a lagrima viva, le decía lo mucho
que lo había querido y se disculpaba por haberlo dado en adopción. Jobs siempre
le aseguraba que todo había sido para bien. Tal y como lo dijo en unas
Navidades, “no te preocupes, tuve una infancia estupenda. Al final he salido
bien”.
… se limito a llamar a la puerta y anunciar. “Esta es Lisa”.
Hoffman compendio la situación de inmediato. “Era obvio que se trataba de su
hija –me conto-. Nadie mas podría tener esa mandíbula. Es típica”. Hoffman, que
había sufrido por no haber conocido hasta los diez años a su padre divorciado,
animo a Jobs a que fuera mejor padre. Él siguió su consejo, y después se lo
agradeció.
…él despertaba a Powell con la cnacion a todo volumen “She
drives me crazy”, de los Fine Youngs Cannibals.
La pareja se mudó a una casita sencilla y encantadora
situada en una esquina de un barrio familiar de Palo Alto. Era un entorno
privilegiado –entre sus vecinos estaban John Doerr, el visionario inversor de
capital de riesgo; Larry Page, el fundador de Google, y Mark Zuckerberg, el
fundador de Facebook, además de Andy Hertzfeld y Joanna Hoffman-…
Habia sido erigida en la década de los treinta por un
arquitecto local llamado Carr Jones, especializado en la construcción de
detalladas viviendas con el estilo de cuento de hadas típico de algunas casitas
de campo inglesas y francesas.
La casa, de dos plantas, estaba hecha de ladrillo rojo y
vigas de madera vistas, contaba con un tejado de lindas curvas y recordaba a
una clásica cabaña del campo inglesa o quizá a la vivienda donde habría podido residir
un hobbit acomodado. El único toque californiano eran los jardines laterales
característicos de la zona, inspirados en las misiones españolas. El salón, de
dos plantas y con el techo abovedado, era de estilo informal, con suelo de
baldosas de terracota. En un extremo se encontraba una ventana triangular acaba
de punta en el techo. Los cristales eran de colores cuando Jobs compro la casa,
como los de una capilla, pero él los sustituyo por unos transparentes. La otra
remodelación que Powell y él llevaron a cabo fue la de ampliar la cocina para
incluir un horno de leña para pizzas y espacio suficiente para una larga mesa
de madera, que paso a convertirse en el punto de reunión principal de la
familia. Se suponía que aquellas reformas iban a durar un total de cuatro
meses, pero se alargaron hasta los dieciséis, porque Jobs seguía modificando el
diseño una y otra vez. También compraron la pequeña casa situada en la parcela
trasera y la echaron abajo para crear un patio, que Powell convirtió en un
hermoso huerto natural abarrotado de un sinfín de flores de temporada, además
de verduras y hierbas aromáticas.
Jobs quedo fascinado ante la forma en que Carr Jones
empleaba materiales viejos, como ladrillos usados y madera sacada de postes
telefónicos, para ofrecer una estructura sencilla y solida. Las vigas de la
cocina habían sido utilizadas para los moldes de los cimientos de hormigón del
puente Golden Gate, que se estaba construyendo en la época de la que se erigió
la casa. “Era un artesano cuidadoso y autodidacta –comento Jobs mientras
señalaba diversos detalles-.
Se preocupaba mas por la innovación que por ganar dinero, y
no llego a hacerse rico. Nunca había salido de California. Todas sus ideas
venían de los libros que leía en la biblioteca y de la revista Arquitectural
Digest”.
La casa era tan sencilla que Bill Gates quedo algo desconcertado
cuando fue a visitarlo con su esposa. “¿Aquí vivís todos vosotros?”, pregunto
Gates, que en aquel momento se encontraba en medio del proceso de comprar una
mansión de mas de seis mil metros cuadrados cerca de Seattle. Incluso tras
regresar de Apple y convertirse en un multimillonario de renombre mundial, Jobs
nunca tuvo un equipo de seguridad o criados internos e incluso dejaba durante
el día la puerta abierta la puerta trasera de su casa.
…Lisa regreso a casa y actuó en un concierto benéfico para
el Electronic Frontier Foundation en el celebre auditorio Fillmore de San
Francisco, que habia alcanzado la fama por las acotaciones de los Grateful
Dead, los Jefferson Airplane y Jimmy Hendrix. Ella canto el himno de Tracy
Chapman. “Talkin’ bout a rvolution” (cuya letra en castellano comienza”: “Los
pobres se levantaran/ y recibirán lo que les corresponde…”)…
La lección que Jobs aprendió de sus días budistas era que
las posesiones materiales tendían mas a entorpecer la vida que a enriquecerla.
“Todos los directores de empresa que conozco tienen un equipo de guardaespaldas-comentó-.
Incluso los tienen metidos en sus casas. Es una forma absurda de vivir.
Nosotros decidimos que no era así como queríamos criar a nuestros hijos.
“Hacer lo imposible, es bastante divertido” declaro una vez
Walt Disney. Aquel era el tipo de actitud que atraía a Jobs. Admiraba la obsesión
de Disney por el detalle y el diseño, y sentía una simbiosis natural entre
Pixar y el estudio cinematográfico fundado por aquel hombre.
Pero, además, la Walt Disney Company habia obtenido una
licencia de uso para CAPS de Pixar, y aquello la convertía en el mayor cliente
de ordenadores de la empresa.
Una de sus nuevas manías era el Newton,
el asistente digital personal y de bolsillo que, en teoría, era capaz de
reconocer la escritura manual.
… Jobs lo detestaba. Despreciaba la idea
de utilizar un lápiz o un puntero para escribir en la pantalla. “Dios nos dio
diez punteros –solía decir, agitando los dedos-. No hace falta inventar otro”.
Mientras hablaba, su pasión iba
manifestándose con creciente intensidad, y comenzó a utilizar “nosotros” y “yo”
en lugar de “ellos” para referirse a las próximas iniciativas de Apple. “Creo
que todavía hace falta pensar de forma diferente para comprar un ordenador de
Apple –comento-. La gente que los compra piensa de manera diferente. Es la
gente que tiene espíritu creativo, y esta dispuesto a cambiar el mundo.
Nosotros creamos herramientas para ese tipo de personas”.
… “nosotros también vamos a pensar de
forma diferente, vamos a ponernos al servicio de la gente que ha estado
comprando nuestros productos desde el principio. Muchos pensaran que son locos,
pero nosotros en esa locura vemos genialidad”.
Sin embargo, aquello era real, y Gates
–que no era consciente de los abucheos- comenzó a hablar vía satélite desde la
sede central de Microsoft. “Algunos de los
trabajos mas emocionantes que e llevado acabo a lo largo de mi carrera
han tenido lugar junto a Steve con el ordenador Machintosh”.
Gates fue incluso capaz de provocar
algunos aplausos cuando aseguro que las nuevas versiones de Word y Excel para
mac estarían “en muchos sentidos mas avanzadas que las que hemos preparado para
la plataforma Windows”.
Jobs se dio cuenta de que aquella imagen
de Gates presidiendo el auditorio era un error. “Yo quería que él viniera a
Boston –declaro posteriormente-. Aquel fue el peor acto de presentación y el
mas estúpido de mi vida. Fue malo porque nos hacia parecer insignificantes a mí
y a Apple, como si todo estuviera en manos de Bill”.
Este es un homenaje a los locos. A los
inadaptados. A los rebeldes. A los alborotadores. A las fichas redondas en los
huecos cuadrados. A los que ven las cosas de forma diferente. A ellos no les
gustan las reglas, y no sienten ningún respeto por el status quo. Puedes
citarlos, discrepar de ellos o vilipendiarlos. Casi lo único que no puedes
hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Son los que hacen avanzar
el genero humano. Y aunque algunos los vean como a locos, nosotros vemos su
genio. Porque las personas que están lo suficientemente locas como para pensar
que pueden cambiar el mundo… son los que cambian.
Discutieron sobre los matices
gramaticales: si se suponía que “diferente” iba a modificar el verbo “piensa”,
quizá debería quedar claro el matiz adverbial, como en “piensa de modo diferente”.
Sin embargo, Jobs insistió en que quería que “diferente” se pudiera asimilar
como un concepto propio, como en “piensa en la victoria” o “piensa en la
belleza”. Además, recordaba al uso coloquial de otras frases como “piensa en
grande”. Según explico después el propio Jobs, “antes de incluirlo discutimos
si era correcto. Es gramaticalmente correcto si piensas en lo que estamos
tratando de decir. No es “piensa lo mismo”, es “piensa diferente”. Piensa un
poco diferente, piensa muy diferente, piensa diferente. “Piensa de modo
diferente” no habría tenido el mismo significado para mí”.
Además de los anuncios en televisión,
crearon una de las campañas de prensa mas memorables de la historia. Cada
anuncio mostraba el retrato en blanco y negro de un personaje histórico de
especial simbología junto al logotipo de Apple y las palabras “Piensa
diferente” en una esquina. Particularmente llamativos resultaban los rostros
que no incluían ningún pie de foto. Algunos de ellos –Einstein, Gandhi, Lennon,
Dylan, Picasso, Edison, Chaplin, Martin Luther King- eran fáciles de identificar.
Sin embargo, otros hacían que la gente se detuviera, reflexionara y tal vez le
pidiera a un amigo que lo ayudar a ponerle nombres a la cara: Martha Graham,
Ansel Adams, Richard Feynman, Maria Callas, Frank Lloyd Wright, James Watson o
Amelia Earhart.
La mayoría de ellos eran ídolos
personales de Jobs, normalmente gente creativa que había asumido riesgos, había
desafiado al fracaso y se había apostado su carrera entera por hacer las cosas
de forma diferente.
Desde que salió de la comuna del huerto
de manzanos, Jobs se definió –y, por extensión, Apple se definió también así-
como un hijo de la contracultura. En anuncios como el “Piensa diferente” y
“1984”, presentaba la marca de Apple de forma de reafirmarse su propia faceta
rebelde, incluso capaz de hacer que otros miembros de la generación baby boom,
y sus hijos, se sintieran de igual forma.
“Steve creo la única marca de la
industria tecnológica que promocionaba todo un estilo de vida –comentó Larry
Ellison-. Hay coches que la gente se enorgullece de tener, como Porsche,
Ferrari o Toyota Prius, porque lo que
una persona conduce dice algo su personalidad. La gente sentía lo mismo con
respecto a los productos de Apple”.
“Detesto que la gente recurra a las
presentaciones de las diapositivas en lugar de pensar –recordaba Jobs-. La
gente a los problemas creando una presentación. Yo quería que se
comprometieran, que discutieran los temas sentados a una mesa, en lugar de
mostrarme un puñado de diapositivas. La gente que sabe de lo que esta hablando
no necesita PowerPoint”.
“Siempre fui consiente de la belleza de
los productos hechos a mano. Llegue a darme cuenta de que lo que realmente era
importante era el cuidado que se ponía en ellos. Lo que mas rechazo me produce
ver un producto descuidado”.
Ive era seguidor del diseñador industrial
alemán Dieter Rams, que trabajaba para la firma de electrodomésticos Braun.
Rams predicaba el evangelio de “menos, pero mejor” –“Weniger aber besser”-, y,
de la misma forma ,Jobs e Ive se enfrentaban a cada nuevo diseño para ver
cuanto podían simplificarlo. Desde el primer folleto de Apple redactado por
Jobs proclamo que “la sencillez es la máxima sofisticación”, el había buscado
la sencillez que se obtiene como resultado de controlar la complejidad, no de
ignorarla. “Hace falta mucho trabajo –afirmo-para que algo resulte sencillo,
para comprender de verdad los desafíos latentes y obtener soluciones
elegantes”.
El diseño es el alma fundamental de una
creación humana que acaba por manifestarse en las sucesivas capas exteriores.
En la mayoría de las otras empresas, la
ingeniería tiende a ser la que determina el diseño. Los ingenieros plantean sus
requisitos y especificaciones, y entonces los diseñadores crean cubiertas y
tapas que puedan acomodarlos. Para Jobs, el proceso tendía a funcionar en
sentido inverso. Durante los primeros días de Apple, Jobs había aprobado el
diseño de la carcasa del primer Machintosh, y los ingenieros tuvieron que
conseguir que sus placas y componentes cupieran en ella.
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