sábado

Steve Jobs (El mejor libro de dieta)


Steve Jobs
Autor: Walter Isaacson

Me había contado mi hija que el logo de Apple era un homenaje a Alan Turing, el pionero ingles de la informática que descifro los códigos alemanes durante la guerra y que después se suicido mordiendo una manzana rociada con cianuro. Respondió que ojala hubiera pensado en eso, pero no lo había hecho.

“Los que han sido abandonados acaban abandonando a otros”.

La casa de Jobs, en el numero 286 de Diablo Avenue, al igual que las demás del mismo vecindario, fue construida por el promotor inmobiliario Joseph Eichler. Eichler inspirado por la visión de Frank Lloyd Wright de crear viviendas modernas y sencillas para el ciudadano americano de a pie, construía casas económicas que contaba con paredes de cristal del suelo al techo, espacios muy diáfanos, con columnas y vigas a la vista, suelos de bloques de hormigón y puertas correderas de cristal. “Eichler hizo algo genial-comentaba Jobs en uno de nuestros paseos por el barrio-. Sus casas eran elegantes y buenas. Les ofrecían un diseño limpio y un estilo sencillo a personas de pocos recursos. Tenían algunos detalles impresionantes como la calefacción radial. Cuando éramos pequeños había moqueta y el suelo siempre estaba caliente”.
Jobs afirmo que el contacto con las casas de Eichler despertó su pasión por crear productos con un diseño limpio para el gran publico. “Me encanta poder introducir un diseño realmente bueno y unas funciones en algo que no sea muy caro-comento mientras señalaba la limpia elegancia de las casas de Eichler-. Aquella fue la visión original de Apple. Eso es lo que intentamos hacer con el primer Mac. Eso fue lo que hicimos con el Ipod”.

Cuando Dave Packard y su nueva esposa se mudaron a casa de Palo Alto que contaba con una cabaña donde su amigo Bill Hewlett se instalo poco después. La casa tenia un garaje-un apéndice que resulto ser a la vez útil y simbólico en el valle- en el que anduvieron trasteando hasta crear su primer producto, un oscilador de audiofrecuencia. Ya en la década de 1950, Hewlett-Packard era una empresa que crecía rápidamente y que fabricaba material técnico.

Robert Noyce se llevo consigo a Gordon Moore y fundo una compañía que paso a conocerse Integrated Electornics Corporation, que ellos abreviaron elegantemente como Intel.

“Un día, después de clase, me entrego un cuaderno con problemas de matemáticas y me dijo que me lo llevara a casa y los resolviera. Yo pensé: “¿Estas loca?” y entonces saco una de esas piruletas gigantescas que parecían ocupar un planeta entero. Me dijo que cuando lo hubiera acabado, si tenia bien casi todas las respuestas me daría  aquella piruleta y cinco dólares. Y yo le devolví el cuaderno a los dos días”.

“El cristianismo pierde toda su gracia cuando se basa demasiado en la fe, en lugar de hacerlo en llevar una vida como la de Jesús o en ver el mundo como él lo veía
-me decía-. Creo que las distintas religiones son  puertas diferentes para una misma casa. A veces creo que la casa existe, y otras que no. Ese es el gran misterio”.

A Jobs le gustaba trabajar. También repartió periódicos-su padre lo llevaba en coche cuando llovía

Comprábamos folletos con las letras de Dylan y nos quedábamos despiertos hasta altas horas mientras las interpretábamos. Las palabras de Dylan hacían resonar en nosotros acordes de pensamiento creativo.

“Woz lo llevaba en el bolsillo y entrabamos en un colegio mayor donde un grupo de chicos estaban por ejemplo viendo Star Trek, y les fastidiaba la señal. Alguien se acercaba para arreglar el televisor, y, justo cuando levantaban un pie del suelo, la volvía a poner bien -contorsionándose sobre el escenario hasta quedar hecho un ocho-

“Si no hubiera sido por las cajas azules, Apple no hubiera existido –reflexionó más tarde-. Estoy absolutamente convencido de ello. Woz y yo aprendimos a trabajar juntos, y adquirimos seguridad de que podíamos resolver problemas técnicos y llegar a inventar productos”.

Jobs se vio profundamente influido por una serie de libros sobre espiritualidad e iluminación, principalmente Be Here Now (estate aquí ahora), una guía sobre la meditación y las maravillas de las drogas psicodélicas de Baba Ram Dass, cuyo nombre de pila era Richard Alpert. “Era profundo -declaro Jobs-. Nos transformo a mí y a muchos de mis amigos”.

A Kottke y a él también les gustaba jugar a una variante alemana del ajedrez del siglo XIX  llamada Kriegspiel, en la que los jugadores se sientan espalda con espalda y cada uno tiene su propio tablero y fichas pero no puede ver las de su contrincante. Un moderador les informa de si el movimiento que quieren hacer es  legal o ilegal, y tienen que tratar de averiguar donde se encuentran las piezas del contrario. “La partida mas alucinante que jugué con ellos tuvo lugar durante una fuerte tormenta eléctrica, sentados junto a un fuego –recuerda Holmes, que actuaba como moderadora-. Se habían colocado con ácido. Movían las fichas tan rápido que apenas podía seguirles”.

“Allí aprendí lo que eran los tipos de letra con y sin serifa, como variar el espacio que queda entre diferentes combinaciones de letras y qué es lo que distingue una buena tipografía. Era un estudio hermoso, histórico y de una sutileza artística que la ciencia no puede aprehender, y me pareció fascinante”.

“De no haber asistido a esa clase de la universidad, el sistema operativo Mac, nunca hubiera tenido múltiples tipos de letras o fuentes con espaciado proporcional. Y como Windows se limito a copiar el Mac, es probable que ningún personal los tuviera”.

… resolvió el problema de las interferencias, pero en el proceso dejo completamente desconcertados a los directivos alemanes de traje oscuro. Estos llamaron a Alcorn para quejarse que el chico se vestía y olía como un mendigo y su comportamiento era muy grosero. “Yo les pregunté: “Ha resuelto el problema?, y ellos contestaron: “Si”. Entonces les dije: “¡Si tenéis mas problemas llamadme, tengo mas chicos como él!”. Ellos respondieron: “No, no, la próxima vez lo arreglamos nosotros mismos”.

Mientras Jobs comía, el santón –que no era mucho mayor que Jobs- lo vio entre la multitud, lo señalo y comenzó a reírse como histérico. Se acerco corriendo, me agarro, soltó un silbido y dijo: “eres igualito que un bebé” –recordaba Jobs- . A mi no me hicieron gracia aquellas atenciones. El hombre cogió a Jobs de la mano, lo aparto de la multitud de adoradores y lo hizo subir a una colina no muy alta donde había un pozo y un pequeño estanque. “Nos sentamos y el saco una navaja. Yo comencé a pensar que aquel tipo estaba loco y me preocupe, pero entonces saco una pastilla de jabón (yo llevaba el pelo largo por aquel entonces). Me enjabono el pelo y me afeito la cabeza. Me dijo que estaba salvando mi salud”.

Tras regresar tras siete años de los pueblos de la India, pude darme cuenta de la locura que invade al mundo occidental y de cómo nos centramos en desarrollar un pensamiento racional. Si te limitas en observar al mundo, lo inquieta que esta tu mente. Si tratas del calmarla, solo conseguirás empeorar las cosas pero si la dejas tiempo se va apaciguando, y cuando lo hace deja espacio para escuchar cosas mas sutiles. Entonces tu intuición comienza a florecer y empiezas a ver las cosas con mayor claridad y a vivir mas en el presente. Tu mente deja de correr tan rápido y puedes ver una tremenda dilatación del momento presente. Puedes ver mucho mas de lo que podías ver antes. Es una disciplina; falta practicarla.

De hecho Jobs si encontró un maestro en su propio barrio de Los Altos. Shunryu Suzuki, el autor de Mente zen, mente de principiante, que dirigía el Centro Zen de San Francisco...

La  búsqueda compulsiva de la conciencia de su propio ser también llevo a Jobs a someterse a la terapia del grito primal, desarrollada recientemente y popularizada por un psicoterapeuta de Los Ángeles llamado Arthur Janov. Se basaba en la teoría Freudiana de que los problemas psicológicos están causados por los dolores reprimidos durante la infancia, y Janov defendía que podían revolverse al volver a sufrir esos momentos primarios al tiempo que se expresaba el dolor, en ocasiones mediante gritos. Jobs prefería aquello a lo habitual terapia de diván, por que tenia que ver con las sensaciones intuitivas y las acciones emocionales, y no con los análisis racionales.

John Lennon se había sometido a la misma terapia del grito primal en 1970, y en diciembre de ese mismo año saco a la venta el tema “Mother”, con la Plastic Ono Band. En el hablaba de sus sentimientos acerca de su padre, que lo había abandonado, y su madre, que fue asesinada cuando él era un adolecente. El estribillo incluye el inquietante fragmento “Mama don´t go, Daddy come home…“. Holmes recuerda que Jobs solía escuchar mucho esa canción.

Jobs entro descalzo en la habitación, con una túnica de color azafrán y un ejemplar de Be Here Now, que le entrego a Alcorn e insistió que leyera. “¿Puedo recuperar mi trabajo?, pregunto.
“Parecía un Hare Krishna, pero era genial volverlo a ver –recordaba Alcorn-, así que dije que por supuesto.

“Veo a Dios en los instrumentos y en los mecanismos que no fallan…“.

“Permanece hambriento. Sigue siendo un insensato”.

“Steve se encuentra exactamente en el cruce entra la contracultura y la tecnología –afirmó-. Aprendió lo que significaba poner las herramientas al servicios de los seres humanos”.

Mientras cavilaba acerca del microprocesador –un chip que contaba con toda una unidad de procesamiento central montada en él-, tuvo una revelación. Había estado diseñando un terminal, con una pantalla y un teclado, que podría conectarse a un miniordenador a distancia. Mediante el microprocesador, podría instalar parte de la capacidad del miniordenador dentro del propio terminal, convirtiendo a este en un pequeño ordenador independiente que pudiera colocarse en un escritorio. Aquella era una idea solida : un teclado, una pantalla y un ordenador. Todos ellos en un mismo paquete individual. “La visión completa de un ordenador personal apareció de pronto en mi cabeza –aseguró-. Esa noche comencé a realizar bocetos en papel de lo que posteriormente se conocería como Apple I”

“¡Pulsé unas cuantas teclas y quedé impresionado! Las letras iban apareciendo en la pantalla”. Era el 29 de Junio de 1975, un hito en la historia de los ordenadores personales. “Aquella era la primera vez en la historia –declaró Wozniak posteriormente- en que alguien pulsaba una letra de un teclado y la veía aparecer justo enfrente, en su pantalla”.

Jobs había vuelto a la All One Farm, donde podo los manzanos de la variedad Gravenstein, y Wozniak fue a recogerlo al aeropuerto. Durante el camino de regreso a Los Altos, estuvieron barajando varias opciones. Consideraron algunas palabras típicas del mundo tecnológico, como “Matrix”, algunos neologismos, como “Executek”, y algunos nombres que eran directamente aburridísimos, como “Personal Computers Inc.”. La fecha limite para la decisión era al dia siguiente, momento en el que Jobs quería comenzar a tramitar el papeleo. Al final Jobs propuso “Apple Computer”. “Yo estaba siguiendo una de mis dietas de fruta –explicaría- y acaba de volver del huerto de manzanos. Sonaba divertido, energético y nada intimidante. “Apple” limaba las asperezas de la palabra “Computer”. Además, con aquel nombre adelantaríamos a Atari en el listín telefónico”. Le dijo a Wozniak que si no se les ocurría un nombre mejor antes del día siguiente por la tarde, se quedarían con “Apple”. Y eso hicieron.

“Apple”. Era una buena elección. La palabra evocaba al instante simpatía y sencillez. Conseguía a la vez ser poco convencional y tan normal como un trozo de tarta. Tenia una pizca de aire contracultural, de desenfado y de regreso a la naturaleza, y aun así no había nada mas americano que una manzana. Y las dos palabras juntas –“Apple Computer”- ofrecían una graciosa disyuntiva. “No tiene mucho sentido –afirmo Mark Markkula, que poco después se convirtió en el presidente de la nueva compañía-, así que pues obliga a tu cerebro a hacerse a la idea. ¡Las manzanas y los ordenadores no son algo que pueda combinase! Asi que aquello nos ayudo a forjar una imagen de marca”.

Incluso después de que Wozniak accediera a que su nuevo diseño para un ordenador se convirtiera en propiedad de la sociedad Apple, sintió que debía ofrecérselo primero a Hewlett-Packard puesto que trabajaba allí. “Creía que era mi deber informar a Hewlett-Packard acerca de lo que había diseñado mientras trabajaba para ellos –afirmo Wozniak- aquello era lo correcto y lo mas ético”. Asi pues, se los presento a su jefe y a los socios mayoristas de la empresa en la primavera de 1976. El socio principal quedo impresionado –y parecía encontrarse ante un dilema-, pero al final dijo que aquello no era algo que Hewlett-Packard pudiera desarrollar. Aquel era un producto para aficionados a la electrónica, al menos por el momento, y no encajaba en el segmento de alta calidad que ellos se dedicaban. “Me decepciono –recordaba Wozniak-, pero ahora ya era libre para formar parte de Apple.

Wayne aseguro tener alguna experiencia con la documentación, así que redacto el texto de tres paginas él mismo. Su dominio de la jerga legal acabo por inundarlo todo. Con florituras varias: “Hácese notar en el presente escrito… Conste además en el documento presente… Ahora el precitado (sic), teniendo en consideración las respectivas asignaciones de los intereses habidos…”. Sin embargo, la división de  las participaciones y de los beneficios estaba clara (45, 45, 10%), y quedo estipulado que cualquier gasto por encima de los 100 dólares requeriría el acuerdo de al menos dos de los socios. Además se definieron las responsabilidades de cada uno. “Wozniak debía asumir la responsabilidad principal y general del departamento de ingeniería; Jobs asumiría la responsabilidad general del departamento de ingeniería electrónica y el de marketing, y Wayne asumiría la responsabilidad principal del departamento de ingeniería mecánica y documentación”. Jobs firmo con letra minúscula, Wozniak con una cuidadosa cursiva y Wayne con garabato ilegible.

“soy frutariano y solo comeré hojas recogidas por  vírgenes a la luz de la luna”.

Wayne dibujo un logotipo basándose en las florituras de los libros ilustrados de ficción de la época victoriana, donde aparecía  Newton sentado bajo un árbol y una cita de Wordsworth “Una mente siempre viajando a través de los extraños mares del pensamiento, sola”. Era un lema bastante peculiar: encajaba mas en la imagen que el propio Ron Wayne tenia de si mismo que en Apple Computer. Es probable que la descripción de Wordsworth de los participantes de la Revolución francesa hubiera sido una cita mejor: ”¡Dicha estar vivo en ese amanecer,/ pero ser joven era el mismo cielo!”. Tal como Wozniak comento después con regocijo, “pensé que estábamos participando en la mayor revolución de la historia, y me hacia feliz formar parte de ella”.

Si podemos estar al día con sus necesidades, sus sensaciones y sus motivaciones, podemos responder de forma adecuada y darles lo que quieren”.

En lugar de una fuente de alimentación lineal convencional, Holt construyo una versión conmutada como la que se utiliza en los osciloscopios y otros instrumentos. Aquello significaba que el suministro electrónico no se encendía y apagaba sesenta veces por segundo, si no miles de veces, lo que permitía almacenar la energía durante un tiempo mucho menor, y por lo tanto desprendía menos calor. “Aquella fuente de calor conmutada fue tan revolucionaria como la placa lógica del Apple II –declaro posteriormente Jobs-. A Rod no le reconocen lo suficiente este merito en los libros de historia, pero deberían. Todos los ordenadores actuales utilizan fuentes de alimentación conmutadas, y todas son una copia del diseño de Rod”. A pesar de toda la brillantes de Wozniak, esto no es algo que él pudiera haber hecho. “Yo apenas sabia lo que era una fuente de alimentación conmutada”, reconoció.

“Me pidió que pusiera 50.000 dólares y a cambio me entregaría un tercio de su compañía –comento Bushnell-. Yo fui listísimo y dije que no. Ahora me resulta divertido hablar de ello, cunado no estoy ocupado llorando”.

El 3 de Enero de 1977, se creo oficialmente la nueva corporación, Apple Computer Co., que procedió a absorber la antigua sociedad formada por Jobs y Wozniak nueve meses antes. Poca gente tomo noto de aquello. Aquel mes, el Homebrew Club realizo una encuesta entre sus miembros y se vio que, de los 181 asistentes que poseían un ordenador personal, solo seis tenían un Apple. Jobs estaba convencido, no obstante, de que el Apple II cambiaria aquella situación.

Markkula escribió sus valores en un documento de una hoja, y lo titulo: “La filosofía de marketing de Apple”, en el se destacaban tres puntos. El primero era la empatía, una conexión intima con los sentimientos del cliente. “Vamos a comprender las necesidades mejor que ninguna otra compañía”. El segundo era la concentración. “Para realizar un buen trabajo en aquello que decidamos hacer, debemos descartar lo que resulte irrelevante”. El tercer y ultimo valor, pero no por ello menos importante recibía el incomodo nombre de “atribución”. Tenia que ver como la gente se forma una opinión sobre una compañía o un producto basándose en las señales que emiten. “La gente si que juzga un libro por su cubierta –escribió-. Puede que tengamos el mejor producto, la mayor calidad, el software mas útil, etcétera; pero si le ofrecemos una presentación chapucera, la gente pensara que es una chapuza; si lo presentamos de forma creativa y  profesional, le estaremos atribuyendo las cualidades deseadas.

McKenna puso a su equipo a trabajar en los folletos para el Apple II. Lo primero que necesitaba era sustituir el logotipo de Ron Wayne, con su estilo ornamentado de un grabado de la época victoriana, que iba en contra del estilo publicitario colorido y travieso de McKenna. Asi pues Rob Janoff, uno de los directores artísticos recibió el encargo de crear una nueva imagen. “No quiero un logotipo mono”, ordeno Jobs. Janoff les presento la silueta de una manzana en dos versiones, una de ellas completa y la otra con un mordisco. La primera se parecía demasiado a una cereza, así que Jobs eligió aquella que le faltaba un trozo. La versión elegida incluía también en la silueta seis franjas de colores en tonos psicodélicos que iban desde el verde del campo al azul del cielo, a pesar de que aquello encarecía notablemente la impresión del logotipo.  Encabezando el folleto, McKenna coloco una máxima que a menudo se atribuye a Leonardo Da Vinci, y que se convirtió en el precepto fundamental de la filosofía del diseño de Jobs: “La sencillez es la máxima sofisticación”.

En la primera fiesta de Halloween de la empresa, celebrada en 1979, se disfrazo con una túnica como Jesucristo, un acto de egolatría semi irónico que a él le pareció divertido, pero que hizo que muchos asistentes pusieran los ojos en blanco.

El Apple II no iba seguir siendo un éxito eterno, y él sabia, independientemente de lo mucho que hubiera contribuido a ensamblarlo… que siempre se vería como la obra maestra de Wozniak. Necesitaba su propia maquina. Más aún, quería un producto que, según sus propias palabras, dejara una marca en el universo.

“El Apple III fue una especie de bebé concebido durante una orgía en la que todo mundo acaba con un terrible dolor de cabeza, y cuando aparece ese hijo bastardo todos dicen: No es mío”.  Randy Wigginton. Ingeniero.

El acrónimo que inventaron a posteriori fue “Local Integrated Systems Architecture”, o “Arquitectura de Sistemas Integrados Locales”, y a pesar de no tener ningún sentido se convirtió en la explicación oficial para el nombre. Entre los ingenieros a él como: “Lisa: Invented Stupid Acronym” (Lisa: Acrónimo Estúpido Inventado”). Años mas tarde cuando le pregunté por aquel nombre, Jobs se limito a admitir: “Obviamente, lo llame así por mi hija”.

…los ingenieros del Xerox PARC comenzaron a desarrollar gráficos sencillos que pudieran reemplazar todas las líneas de comandos e instrucciones de los sistemas operativos DOS, responsables de que de las pantallas de los ordenadores resultaran tan intimidantes. La metáfora que se les ocurrió fue la de un escritorio. La pantalla contendría diferentes documentos y carpetas, y se podría utilizar un ratón para señalar y pulsar en el que se deseara utilizar.

Picasso tenia un dicho: “Los artistas buenos copian y los artistas geniales roban”, y nosotros nunca hemos tenido reparo alguno en robar ideas geniales. Steve Jobs.

En los anales de la innovación, las nuevas ideas son parte de la ecuación. La ejecución es igualmente importante.

Jobs adoraba algunos objetos, especialmente aquellos que estuvieran diseñados y fabricados con elegancia, como los Porsche y los Mercedes, los cuchillos Henckel y los electrodomésticos Braun, las motocicletas BMW y las fotografías de Ansel Adams, los pianos Bösendorfer y los equipos de sonido Bang & Olufsen.

Raskin llego al garaje, vio a Wozniak trabajando como una hormiguita sobre el banco de trabajo, y Jobs le convenció para que hiciera el manual por 50 dólares. Acabaría convirtiéndose en el director del departamento de publicaciones de Apple. Uno de sus sueños era construir un ordenador económico para las masas, y en 1979 convenció a Mark Markkula para que lo pusiera a cargo del diminuto proyecto semioficial y semi clandestino bautizado como “Annie”.

Otoño de 1979… “No te preocupes por el precio, tú detállame las funciones que tiene que tener el ordenador”, le ordenó. Raskin respondió con una nota sarcástica. En ella se enumeraba todo lo que uno podría desear en un ordenador: una pantalla en color de alta resolución con espacio para 96 caracteres por línea, una impresora sin cinta que pudiera generar cualquier grafico en color a una velocidad de una pagina por segundo, acceso ilimitado a la red ARPA, reconocimiento de voz y la capacidad de sintetizar música “e incluso emular a Caruso cantando con el Coro del Tabernaculo Mormon, con reverberación variable”. La nota concluía: “Comenzar por una lista de funciones no tiene sentido. Debemos empezar fijando un precio y un conjunto de funciones, y tener controladas la tecnología actual y la de un futuro inmediato”. En otras palabras, Raskin no tenia paciencia para adaptarse a la creencia de Jobs de que podía distorsionar la realidad si sentías una pasión suficientemente intensa por tu producto.

En ocasiones llevaba un candidato a una sala donde había un prototipo del Mac cubierto por una tela, lo descubría con teatralidad y observaba la escena. “Si se les iluminaban los ojos, si se lanzaban derechos al ratón y comenzaban a moverlo y a pulsarlo, Steve sonreía y los reclutaba –recordaba Andrea Cunningham-. Quería que todos gritaran sorprendidos ante el Mac”.

Creía ser especial, alguien elegido e iluminado. “Cree que hay pocas personas especiales (Einstein, Gandhi y los gurús que conoció en la India), y que él es uno de ellos –afirmo Hertzfeld-. Así se lo dijo a Chrisann. En una ocasión llego a sugerirme que era iluminado. Como Nietzsche”. Jobs nunca había estudiado la obra de Nietzsche, pero el concepto del filosofo de la voluntad de poder y de la naturaleza especial del superhombre parecía encajar en él de forma natural. Así habló Zaratrusta: “El espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo”.

“Aprendimos a interpretar e “esto es una mierda” como una pregunta que significaba: ¿Dime por qué es esta la mejor forma de hacerlo?”.

“Si con ello pudieras salvarle la vida a una persona, ¿encontrarías la forma de acortar en diez segundos el tiempo de arranque?”, le pregunto. Kenyon concedió que posiblemente podría. Jobs se dirigió a una pizarra y le mostro que si había cinco de millones de utilizando el Mac y tardaban diez segundos de más en arrancar el ordenador todos los días, aquello sumaba 300 millones de horas anuales que la gente podría ahorrarse, lo que equivalía a salvar cien vidas al año. “Larry quedo impresionado, como era de esperar, y una semana mas tarde se presento con un sistema operativo que arrancaba veintiocho segundos mas rápido –recordaba Atkinson-. Steve tenia la forma de motivar a la gente haciéndoles ver una perspectiva mas amplia.

“Jobs se veía a si mismo como un artista, y nos animaba a los del equipo de diseño a que también pensáramos en nosotros mismos como artistas –comento Hertzfeld-. El objetivo nunca fue superar a la competencia o ganar mucho dinero, si no el de fabricar el mejor producto posible, o incluso uno todavía mejor”. Hasta el punto de que llevo a su equipo a ver una exposición de cristales de Tiffany en el Museo Metropolitano de Nueva York, porque creía que podrían aprender del ejemplo de Louis Tiffany, que había creado un tipo de arte susceptible de ser reproducido en serie.
“Hablamos acerca de cómo Louis Tiffany no había producido todo aquello con sus propias manos, si no que había sido capaz de transmitir sus diseños a otras personas –recordaba Bud Tribble-. Entonces nosotros nos dijimos: Oye, ya que vamos a dedicar nuestra vida a construir estos aparatos, mas vale que lo hagamos bonitos”.

El primer despacho de la empresa, una vez que salieron del garaje familiar, estaba situado en un pequeño edificio que compartían con una oficina de ventas de Sony. Esta compañía era celebre por su imagen de marca y sus memorables diseños de productos, así que Jobs se paseaba por allí para estudiar su material de marketing. “Entraba con su aspecto desaliñado y rebuscaba entre los folletos de los productos para señalar algunas características de los diseños –comentó Dan´l Lewin, que trabajaba allí -. De vez en cuando nos preguntaba “¿puedo llevarme este folleto?”. Para 1980, Jobs ya había contratado a Lewin.

Su afición por la imagen oscura e industrial de Sony fue menguando cuando fue a asistir, desde Junio de 1981, a la Conferencia Internacional de Diseño de Aspen. La reunión de ese año se centraba en el estilo italiano, y contaba con el arquitecto y diseñador Mario Bellini, el cineasta Bernardo Bertolucci, el proyectista de coches Sergio Pininfarina y la política heredera de Fiat, Susanna Agnelli. “Había llegado a adorar a los diseñadores italianos –recordaba Jobs-, así que para mi eran una increíble fuente de inspiración”.

“Lo que vamos a hacer es crear productos de alta tecnología y darles una presentación diáfana para que todo el mundo sepa que son de alta tecnología. Los meteremos en un paquete de pequeño tamaño, y podemos hacer que sean bonitos y blancos, igual que hace Braun con sus electrodomésticos”.

“Queremos que sean brillantes y puros y que no oculten el hecho de que son de alta tecnología, en lugar de darles un aspecto industrial basado en el negro, negro, negro y negro, como Sony –proclamó-. Este va hacer nuestro enfoque: un producto muy sencillo en el que de verdad estemos tratando de alcanzar una calidad digna de un museo de arte contemporáneo. La forma en que dirigimos nuestra empresa, el diseño de los productos, la publicidad, todo se reduce a lo mismo: vamos a hacerlo sencillo. Muy sencillo”. El mantra de Apple siguió siendo aquel que figuraba en su primer folleto. “La sencillez es la máxima sofisticación”.

“El factor principal de nuestro diseño es que tenemos que tratar de hacer que las cosas resulten obvias de forma intuitiva –expuso Jobs ante la multitud de expertos de diseño. Para ilustrarlo, alabo la metáfora del escritorio que estaba creando para el Macintosh-. La gente de forma intuitiva como manejarse en un escritorio. Si entras en un despacho, veras que sobre la mesa hay varios papeles. El que esta arriba del todo es el mas importante. La gente sabe como asignar prioridades a sus tareas. Parte de la razón por la cual basamos nuestros ordenadores en metáforas como la del escritorio es que así podemos aprovechar la experiencia que la gente ya tiene”.

Tenia una lámpara de Richard Sapper, a quien admiraba, y también le gustaban los muebles de Charles y Ray Eames y los productos que Dieter Rams había diseñado para Braun. Sin embargo no había figuras imponentes en el campo del diseño industrial con la fuerza con la que lo había hecho Raymond Loewy y Herbert Bayer.

“… su sensibilidad para el diseño es elegante sin resultar chillona, y también es algo juguetona. Adopto el minimalismo, que le venia de su devoción por el zen y la sencillez, pero evito que aquello convirtiera sus productos en algo frio. Seguían siendo divertidos. Se apasiona y se toma extremadamente en serio el diseño, pero al mismo tiempo le da un aire lúdico”.
Mientras la sensibilidad diseñadora de Jobs evolucionaba, se sentía particularmente atraído por el estilo japonés y comenzó a pasar mas tiempo con sus estrellas, como Issey Miyake e I.M. Pei. Su formación budista supuso una gran influencia para él. “Siempre he pensado que el budismo, y el budismo zen japonés en particular, tiene una estética magnifica –señaló-. Lo mas sublime que jamás he visto son los jardines que rodean Kioto. Me conmueve profundamente todo lo que  esa cultura ha creado, y eso viene directamente del budismo zen”.

Hertzfeld recuerda que cuando Atkinson mostro la versión de prueba todo mundo quedo impresionado menos Jobs. “Bueno, los círculos y los óvalos están bien –dijo-, pero ¿qué hay de los rectángulos con bordes redondeados?.
“No creo que nos hagan falta”, respondió Atkinson, que paso a explicarle que aquello era casi imposible… “¡Los rectángulos con bordes redondeados están por todas partes! –grito Jobs, levantándose de un salto y con tono mas vehemente-. ¡Échale un vistazo a esta habitación!”. Señalo la pizarra, la superficie de la mesa y otros objetos que eran rectangulares pero tenían los bordes curvados. “¡Y mira fuera, hay todavía más, cualquier sitio al que mires!.

En la asignatura de caligrafía a la que había asistido en Reed, Jobs había aprendido a adorar los tipos de letra en todas sus variantes, con y sin remates, con espaciado proporcional y diferentes interlineados. “Cuando estábamos diseñando el primer Macintosh,  recordé todo aquello”, afirmo, refiriéndose a aquellas clases. Como el Mac tenía una configuración en mapa de bits, era posible diseñar un conjunto interminable de fuentes, desde la mas elegantes a las más alocadas, y que aparecieran pixel por pixel en la pantalla.
Para diseñar estas fuentes, Hertzfeld recurrió a una amiga del instituto que vivía a las afueras de Filadelfia, Susan Kare. Bautizaron las fuentes con las paradas del viejo tren de cercanías de la línea principal de Filadelfia: Overbook, Merion, Ardmore y Rosemont. A Jobs le fascino todo el proceso. Después, una tarde, se paso a verlos y comenzó a criticar el nombre de las fuentes. Eran “puebluchos de los que nadie había oído hablar –se quejó-. ¡Deberían tener los nombres de ciudades de fama mundial!”. Y por eso, según Kare, ahora hay fuentes con nombres de ciudades importantes: Chicago, New York, Geneva, London, San Francisco, Toronto, Venice.

Hubo un momento en que Kare y Atkinson se quejaron de que les estaba haciendo emplear demasiado tiempo en aquellos detalles ínfimos de la barra de menú cuando tenían detalles mas importantes que hacer. Jobs se puso hecho una furia. “¿Podéis imaginaros como seria ver esto todo los días? –gritó-. No es un detalle ínfimo, es algo que tenemos que hacer bien.

“aquel apretón de manos dio origen a una de las colaboraciones mas decisivas en la historia del diseño industrial”. La compañía de Esslinger, frogdesign,* se estreno en Palo Alto a mediados de 1983 con un contrato de trabajo con Apple por 1,2 millones de dólares al año, y desde entonces todos los productos de Apple han incluido una orgullosa afirmación: “Diseñado en California”.

“Quiero que se vea tan hermoso como se pueda, incluso si va a ir dentro de la caja. Un gran carpintero no utiliza madera mala para la parte trasera de la vitrina, aunque nadie vaya a verla”.
“Cuando eres carpintero y estas fabricando un hermoso arcon, no utilizas un trozo de contrachapado en la parte de atrás, aunque vaya a estar colocado contra la pared y nadie lo vea nunca. Tú sí que sabes que está ahí, así que utilizas una buena pieza de madera para la parte trasera. Para poder dormir bien por las noches, la estética y la calidad tienen que mantenerse durante todo proceso.

Cuando el diseño quedo finalmente decidido, Jobs reunió a todo el equipo del Machintosh para una ceremonia. “Los verdaderos artistas firman su obra”, afirmó, y entonces sacó un cuaderno y un bolígrafo de la marca Sharpie e hizo que todos ellos estamparan su firma. Las firmas quedaron grabadas en el interior de cada Machintosh. Nadie las vería nunca, a excepción de algún técnico de reparación ocasional, pero cada miembro del equipo sabía que su firma estaba ahí adentro, de la misma manera que sabían que la placa base había sido dispuesta con toda elegancia posible. Jobs fue llamándolos uno a uno por su nombre. Burrell Smith fue el primero. Jobs espero hasta el ultimo, hasta que los cuarenta y cinco miembros hubieron firmado. Encontró un hueco justo en medio de la hoja y escribió su nombre en letras minúsculas con una gran floritura final. Entonces propuso un brindis con champán. “Gracias a momentos como este, consiguió que hiciéramos nuestro trabajo como una forma de arte”, dijo Atkinson.


“Con su elegante estilo de ventas y una fe ciega que habría sido la envidia de los primeros mártires cristianos, es Steve Jobs, mas que ningún otro, quien abrió la puerta de una patada y permitió que  el ordenador personal entrara a los hogares”.

Michael Moritz. Portada revista Time.


“Cuando salga al mercado, el Mac va ser el ordenador mas increíble del mundo”. También reconocía que el Mac y el Lisa no iban a ser compatibles. Aquello era como presentar el Lisa herido de muerte.

Un día entrevisto, junto con Hertzfeld y Smith, a un candidato al puesto de director de software… ¿Qué edad tenias cuando perdiste la virginidad? ¿Eres virgen? ¿Cuántas veces haz probado LSD?

Otras de las paginas contenía una frase similar a un koan que, según me conto, era su máxima favorita. “El viaje es la recompensa”.

“Los auténticos artistas acaban sus productos”.

…se acordó que cada vez que el Macintosh se abriera el programa de dibujo que él estaba creando, en la pantalla podía leerse “Macpaint, por Bill Atkinson”.

“La mayoría de la genta iba vestida mas informalmente que el personal de mantenimiento de PepsiCo”. Sculley

“Queremos cambiar la manera en que la gente utiliza los ordenadores”.

“Parecía mas un hombre del espectáculo que del mundo de los negocios. Cada movimiento parecía calculado, como si lo hubiera ensayado para hacer que aquel momento resultara especial”. Sculley sobre SJ.

Posteriormente, el propio Sculley narro aquel momento de máxima intensidad: Steve agacho la cabeza y se miro los pies. Tras una pausa pesada e incomoda, planteo una pregunta que me atormento durante días: “Quieres pasarte e resto de tu vida vendiendo agua azucarada o quieres una oportunidad para cambiar el mundo”.     

“¡Noventa horas a la semana, y encantados!”
 “Trabajamos setenta horas a la semana y conseguimos vender nuestro producto”.
“Trabajamos sesenta horas a la semana, y ganamos dinero para financiar el Lisa y el Mac”.
Se podían leer en las sudaderas.

…Sculley decidió que necesitaba añadir 500 dólares al precio. Para él, los gastos de publicidad eran igualas a cualquier gasto de producción y, por tanto, debían incorporarse al precio de venta. Jobs se resistió. “Eso destruiría por todo aquello que luchamos –afirmó-. Quiero que esta sea una revolución, no un esfuerzo por exprimir al cliente en busca de beneficios”. Sculley le respondió que la elección era sencilla: podía tener un producto de 1.995 dólares o podía contar con un presupuesto de publicidad con el que preparar una gran presentación, pero no las dos cosas.

…a Jobs le hervía la sangre al recordar a aquella decisión. “Fue la razón principal por la cual las ventas del Macintosh se redujeron y Microsoft llego a dominar el mercado”.

Una marca en el universo

“Para crear un nuevo estándar no basta con producir algo que sea ligeramente diferente; a de ser realmente nuevo y cautivar la imaginación de la gente. Y el Macintosh, de todas las maquinas que yo e visto, es el único que cumple con ese requisito”. Bill Gates.

“Me gustaría comenzar la reunión –anuncio- con un poema escrito hace veinte años por Dylan. Bob Dylan, quiero decir”. Esbozo una pequeña sonrisa y entonces bajo la vista para leer la segunda estrofa de la canción The Times They Are A Changin”. La voz le salía aguda y veloz mientras recitaba a toda prisa los diez primeros versos y acababa con.. “Fort he losers now/ Will be later to win / Fort the times they are a changin”. (Por que el que ahora pierde, ganará después, porque los tiempos están cambiando).

El día en que presento el Macintosh, un periodista de Popular Science le pregunto a Jobs que tipo de investigación de mercados había llevado a cabo. A lo cual Jobs respondió burlón: “¿Acaso Alexander Graham Bell realizo un estudio de mercado antes de inventar el teléfono?”.

Cuando el Excel para Macintosh salió al mercado, Jobs y Gates lo celebraron juntos en una cena con los medios de comunicación en el restaurante neoyorquino Tavern on the Green. Cuando le preguntaron si Microsoft iba a preparar una versión del programa para las PC de IBM, Gates no revelo el pacto al que había llegado  con Jobs, si no que se limito a contestar que, “con el tiempo”, aquella era una posibilidad. Jobs se hizo con el micrófono: “Estoy seguro de que, “con el tiempo”, todos estaremos muertos”, bromeó.

  “Yo estaba como un observador fascinado cuando Jobs comenzó a gritarle a Bill”, afirmo Hertzfeld.

“¡Nos estas enfadando! –grito-. ¡Yo confiaba en ti y ahora nos estas robando!”. Hertzfeld recuerda que Gates se limito a aguardar tranquilamente, mirando a Steve a los ojos.

“El único problema con Microsoft es que no tienen gusto, no tienen absolutamente nada de gusto –declaró-. Y no hablo de una falta de gusto en las cosas pequeñas, sino en general, en el sentido que no tienen ideas originales y no le aportan ninguna cultura a sus productos… así que me siento triste, pero no por el éxito de Microsoft; no tengo ningún problema con su éxito, se lo han ganado en su mayor parte. Lo que me supone un problema es que sus productos son de muy mala calidad”.

Asistió a la fiesta que Yoko Ono había preparado para su hijo, Sean Lennon, y le regalo al niño de nueve años un Macintosh. Al chico le encanto. Allí se encontraban los artistas Andy Warhol y Keith Haring, y ambos quedaron tan maravillados por lo que podían crear con aquella maquina del mundo del arte contemporáneo estuvo apunto de tomar un rumbo funesto. “He dibujado un circulo”, exclamo Warhol con orgullo tras utilizar el QuickDraw. Warhol insistió en que Jobs debía de llevarle un ordenador a Mick Jagger. Cuando Jobs llego al chalé de la estrella del rock junto a Bill Atkinson, Jagger se mostro perplejo. No sabia muy bien quien era Jobs. Posteriormente este le conto a su equipo: “Creo que estaba colocado. O eso ha sufrido daños cerebrales”. A Jade, la hija de Jagger, no obstante, le encanto el ordenador desde el primer momento y comenzó a dibujar con el MacPaint, así que Jobs se lo regalo a ella en lugar de a su padre.
            Compro el dúplex que le había mostrado a Sculley en las dos plantas superiores de los apartamentos San Remo de la avenida Central Park West, en Manhattan, y contrato a James Freed, del estudio de diseño de I.M.Pei, para que lo renovara, pero debido a su habitual obsesion por los detalles nunca llego a mudarse a allí (posteriormente se lo vendió al cantante Bono por 15 millones de dólares).

Yo iba a la fabrica con un guante blanco para comprobar. Si había polvo. Lo encontraba en todas partes: en las maquinas, encima de los estantes, en el suelo. Y entonces le decía a Debi que ordenara su limpieza. Le dije que tenia que ser posible comer en el suelo mismo de la fabrica. Pues bien, aquello enfurecía completamente a Debi. Ella no entendía porque deberías poder comer en el suelo de una fabrica, y yo no podía expresarlo por palabras por aquel entonces. Veras, me influyo mucho todo lo que vi en Japón. En parte, lo que mas admire allí –y era una parte de la que nuestra fabrica carecía- fue el espíritu de trabajo en equipo y la disciplina. Si no éramos lo suficientemente disciplinados como para que la fabrica estuviera impecable, entonces no tendríamos la disciplina suficiente para que todas aquellas maquinas funcionaran correctamente.

TREINTA AÑOS. La invitación rezaba: Hay un viejo dicho hindú que afirma: “En los primeros treinta años de tu vida, tu defines tus hábitos. Durante los últimos treinta, tus hábitos te definen a ti”. Ven a festejar los míos.


Si quereis vivir de forma creativa, como un artista, no debes mirar demasiado atrás. Tienes que estar dispuesto a recoger todo lo que eres y todo lo que haz hecho y arrojarlo por la ventana.
Cuanto mas se esfuerza el mundo exterior por fijar una imagen de quien eres, mas difícil resulta seguir siendo un artista, y por esa razón muchas  veces los artistas tienen que decir… “Adiós, tengo que irme. Me estoy volviendo loco y tengo que salir de aquí”. Y entonces se van a hibernar a algún otro sitio. A lo mejor después resurgen levemente cambiados.

Dylan había publicado a principios de aquella semana un nuevo álbum, Empire Burlesque, y Hertzfeld llevo una copia que escucharon en el tocadiscos de alta tecnología de Jobs. La canción mas destacada, “When the Night Comes Falling from the Sky”, con un mensaje apocalíptico, parecía apropiada para la velada, pero a Jobs no le gusto. Le parecía que sonaba como a música de discoteca, y aseguro con tono sombrío  que Dylan había ido decayendo desde Blood on the Tracks, así que Hertzfeld movió la aguja hasta la ultima canción del disco “Dark Eyes”, que era un tema acústico sencillo en el que Dylan cantaba únicamente con una guitarra y una armónica. Era una canción triste y lenta, y Hertzfeld esperaba que le recordara a Jobs los primeros temas del cantante que tanto adoraba. Sin embargo, a Jobs tampoco le gusto, y ya no tenia ganas de escuchar el resto del álbum.

En Florencia, Jobs se empapo de la arquitectura de la ciudad y de la textura de los materiales de construcción. Quedo particularmente impresionado por las losas del suelo, que provenían de la cantera Il Casone, situada junto a la localidad toscana de Firenzuola. Eran de un gris azulado muy relajante, intenso pero agradable. Veinte años después, decidiría que el suelo de la mayoría de las principales tiendas de Apple usara aquella arenisca de la cantera Il Casone.

Jobs también mostro su lado mas batallador en Moscú cuando insistió en hablar de Trotsky, el carismático revolucionario que había perdido a favor de Stalin y a quien este había mandado a asesinar. En un momento dado, un agente de la KGB que le había sido asignado le sugirió moderar su fervor… “No debe de hablar de Trotsky – le indico -. Nuestros historiadores han estudiado la situación y ya no creemos que sea un gran hombre”. Aquello empeoro las cosas. Cuando llegaron a la Universidad Estatal de Moscú para dirigirse a los estudiantes de informática, Jobs comenzó un discurso con una alabanza a Trotsky. Era un revolucionario con el que Jobs podía identificarse.

…una fotografía enmarcada. En ella se veía a Jobs y a Sculley manteniendo una agradable conversación, con una dedicatoria escrita siete meses atrás: “¡Por las grandes ideas, las grandes experiencias y una gran amistad! John”. El cristal del marco estaba hecho añicos. Jobs lo había arrojado contra la pared antes de marcharse. Desde ese día, nunca mas volvió a dirigirle la palabra a Sculley.

El primer instinto que dejo crecer sin cortapisas fue la pasión por el diseño. El nombre que eligió para su siguiente compañía era bastante directo: “Next” (Siguiente en ingles). Para hacer mas identificable, decidió que necesitaba un logotipo de primer orden, así que cortejo al mandamás de los logotipos empresariales, Paul Rand. Este diseñador grafico de setenta y un años nacido en Brooklyn ya había creado alguno de los logotipos mas conocidos del mercado, como los de la revista Esquire, IBM, la firma Westinghouse, la cadena de televisión ABC y el servicio de mensajería UPS. 

…Jobs decidió que el ordenador tendría forma cubica. Le encantaba aquella forma, era perfecta y sencilla. Así pues, Rand decidió que el logotipo también fuera un cubo, uno inclinado con un atrevido ángulo de 28 grados. Cuando Jobs le pregunto si pensaba diseñar varias opciones para que él eligiera una, Rand aseguraba que él no creaba opciones diferentes para sus clientes. “Resolveré tu problema y tú me pagaras –le dijo a Jobs-. Puedes utilizar lo que yo produzca o no, pero no presentare varias opciones, y en cualquier de los casos me pagaras”.
            Jobs admiraba aquel tipo de razonamiento. Podía sentirse identificado con él, así que propuso un trato bastante arriesgado. La compañía le haría entrega de 100,000 dólares como único pago a cambio de un único diseño. “Nuestra relación era muy clara –afirmó Jobs-. El era un artista muy puro, pero también astuto en las negociaciones. Tenia un exterior muy duro, y había perfeccionado su imagen de cascarrabias, pero por dentro era un osito de peluche”. Aquel fue uno de los mayores halagos de Jobs: un artista muy puro.

Rand necesito solo dos semanas.
…le entrego un elegante cuaderno con el que describía el proceso mental que había seguido: “Por un diseño, disposición del color y orientación, el logotipo es un estudio de contrastes –proclamaba el cuaderno-. El cubo, inclinado en un desenfado ángulo, rebosa de la informalidad, la simpatía y la espontaneidad de un sello navideño y de la autoridad de un cuño oficial”. La palabra “Next” estaba divida en dos líneas para llenar la cara cuadrada del cubo, y solo la letra “e” iba en minúscula. Esa letra, según explicaba el cuaderno de Rand, destacaba por connotar “educación, excelencia (…) e=mc2”.

…Jobs se quedo mirando la ultima hoja, levanto la vista hacia Rand y entonces lo abrazo. Solo tuvieron un desacuerdo de poca importancia: el diseñador había utilizado un amarillo oscuro para la “e” del logotipo, y Jobs quería que lo cambiara por un tono amarillo mas brillante y tradicional. Rand golpeo la mesa con el puño y espeto: “Llevo cincuenta años dedicándome a esto y se lo que hago”. Jobs no insistió.

Jobs le encargo a I. M. Pei el diseño de unas grandes escaleras que parecieran flotar en el aire. El arquitecto aseguro que no podía construirse algo así. Jobs repuso que si se podía, y se pudo. Años mas tarde, Jobs convirtió ese modelo de escaleras en un rasgo característico de las tiendas Apple.

Jobs solo se reunió en una ocasión con George Lucas, quien le advirtió de que aquel departamento estaba mas preocupada por crear películas de animación que por fabricar ordenadores, “Estos chicos están obsesionados con la animación”, le dijo Lucas.
El elemento de hardware mas importante de aquel departamento era un ordenador llamado “Pixar Image Computer”, y la nueva empresa tomo su nombre. El punto que tuvieron que acordar fue el lugar de la firma: Jobs quería hacerlo en su despacho de NeXT, y los trabajadores de Lucas films preferirían que fuera en el rancho Skywalker. Al final llegaron a una solución de compromiso y se reunieron en un bufete de abogados de San Francisco.

“Me parece que los seres humanos son animales creativos capaces de descubrir formas  nuevas e inteligentes de utilizar una herramienta nunca imaginada por su inventor –declaro posteriormente-. Pensé que eso es lo que ocurriría con el ordenador de Pixar, igual que había sucedido con el Mac”.

…Pixar contaba con un programa de renderizado llamado Reyes (un acrónimo de la expresión en ingles “Crea todo lo que hayas visto jamás”), que generaba gráficos e imágenes en tres dimensiones. Después de que Jobs se convirtiera en el presidente de la compañía, crearon un nuevo lenguaje y una nueva interfaz –llamado RenderMan- que, según esperaban, se iba a convertir en un estándar para la creación de imágenes tridimensionales, de la misma manera que el PostScript de Adobe había llegado a ser el estándar de la impresión laser.

El apartado de animación digital de Pixar –el grupo que creo los pequeños cortometrajes animados- era en primer momento un proyectó secundario cuyo objetivo principal radica en demostrar el potencial del software y del hardware de la compañía. Estaba dirigido por John Lasseter, un hombre de rostro y actitud angelicales que ocultaban un perfeccionismo artístico a la altura del de Jobs. Lasseter, nació en Hollywood, adoraba desde niño los dibujos animados de los sábados por la mañana. En su primer año de instituto escribió un informe sobre el libro El arte de la animación, una historia de los Estudios Disney, y en ese momento se dio cuenta de lo que deseaba hacer el resto de su vida.

“Todo lo que te pido, John, es que hagas que sea genial”.
El resultado, Tin Toy (“Juguete de Hojalata”), obtuvo el Oscar de 1988 al mejor cortometraje animado, y fue el primero creado por ordenador en obtener el premio. Para celebrarlo, Jobs se llevo a Lasseter y su equipo a Greens, un restaurante vegetariano de San Francisco. Lasseter cogió el Oscar, que se encontraba en el centro de la mesa, lo sostuvo en alto y pidió un brindis para Jobs diciendo: “Lo único que pediste fue que hiciéramos una película genial”.
Según le dijo Catmull : “Puedo irme a Disney y ser un director, o puedo quedarme aquí y hacer historia”.

Simpson convirtió su búsqueda de Jandali en la base de su segunda novela, The Lost Father (“El Padre Perdido”), que se publico en 1992. (Jobs convenció a Paul Rand, el diseñador que había creado el logotipo de NeXT, para que realizara la portada, pero, según Simpson; “era horrorosa y nunca llegamos a utilizarla”.)

Joanne a menudo lloraba a lagrima viva, le decía lo mucho que lo había querido y se disculpaba por haberlo dado en adopción. Jobs siempre le aseguraba que todo había sido para bien. Tal y como lo dijo en unas Navidades, “no te preocupes, tuve una infancia estupenda. Al final he salido bien”.

… se limito a llamar a la puerta y anunciar. “Esta es Lisa”. Hoffman compendio la situación de inmediato. “Era obvio que se trataba de su hija –me conto-. Nadie mas podría tener esa mandíbula. Es típica”. Hoffman, que había sufrido por no haber conocido hasta los diez años a su padre divorciado, animo a Jobs a que fuera mejor padre. Él siguió su consejo, y después se lo agradeció.

…él despertaba a Powell con la cnacion a todo volumen “She drives me crazy”, de los Fine Youngs Cannibals.

La pareja se mudó a una casita sencilla y encantadora situada en una esquina de un barrio familiar de Palo Alto. Era un entorno privilegiado –entre sus vecinos estaban John Doerr, el visionario inversor de capital de riesgo; Larry Page, el fundador de Google, y Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, además de Andy Hertzfeld y Joanna Hoffman-…

Habia sido erigida en la década de los treinta por un arquitecto local llamado Carr Jones, especializado en la construcción de detalladas viviendas con el estilo de cuento de hadas típico de algunas casitas de campo inglesas y francesas.
La casa, de dos plantas, estaba hecha de ladrillo rojo y vigas de madera vistas, contaba con un tejado de lindas curvas y recordaba a una clásica cabaña del campo inglesa o quizá a la vivienda donde habría podido residir un hobbit acomodado. El único toque californiano eran los jardines laterales característicos de la zona, inspirados en las misiones españolas. El salón, de dos plantas y con el techo abovedado, era de estilo informal, con suelo de baldosas de terracota. En un extremo se encontraba una ventana triangular acaba de punta en el techo. Los cristales eran de colores cuando Jobs compro la casa, como los de una capilla, pero él los sustituyo por unos transparentes. La otra remodelación que Powell y él llevaron a cabo fue la de ampliar la cocina para incluir un horno de leña para pizzas y espacio suficiente para una larga mesa de madera, que paso a convertirse en el punto de reunión principal de la familia. Se suponía que aquellas reformas iban a durar un total de cuatro meses, pero se alargaron hasta los dieciséis, porque Jobs seguía modificando el diseño una y otra vez. También compraron la pequeña casa situada en la parcela trasera y la echaron abajo para crear un patio, que Powell convirtió en un hermoso huerto natural abarrotado de un sinfín de flores de temporada, además de verduras y hierbas aromáticas.
Jobs quedo fascinado ante la forma en que Carr Jones empleaba materiales viejos, como ladrillos usados y madera sacada de postes telefónicos, para ofrecer una estructura sencilla y solida. Las vigas de la cocina habían sido utilizadas para los moldes de los cimientos de hormigón del puente Golden Gate, que se estaba construyendo en la época de la que se erigió la casa. “Era un artesano cuidadoso y autodidacta –comento Jobs mientras señalaba diversos detalles-.
Se preocupaba mas por la innovación que por ganar dinero, y no llego a hacerse rico. Nunca había salido de California. Todas sus ideas venían de los libros que leía en la biblioteca y de la revista Arquitectural Digest”.

La casa era tan sencilla que Bill Gates quedo algo desconcertado cuando fue a visitarlo con su esposa. “¿Aquí vivís todos vosotros?”, pregunto Gates, que en aquel momento se encontraba en medio del proceso de comprar una mansión de mas de seis mil metros cuadrados cerca de Seattle. Incluso tras regresar de Apple y convertirse en un multimillonario de renombre mundial, Jobs nunca tuvo un equipo de seguridad o criados internos e incluso dejaba durante el día la puerta abierta la puerta trasera de su casa.

…Lisa regreso a casa y actuó en un concierto benéfico para el Electronic Frontier Foundation en el celebre auditorio Fillmore de San Francisco, que habia alcanzado la fama por las acotaciones de los Grateful Dead, los Jefferson Airplane y Jimmy Hendrix. Ella canto el himno de Tracy Chapman. “Talkin’ bout a rvolution” (cuya letra en castellano comienza”: “Los pobres se levantaran/ y recibirán lo que les corresponde…”)…

La lección que Jobs aprendió de sus días budistas era que las posesiones materiales tendían mas a entorpecer la vida que a enriquecerla. “Todos los directores de empresa que conozco tienen un equipo de guardaespaldas-comentó-. Incluso los tienen metidos en sus casas. Es una forma absurda de vivir. Nosotros decidimos que no era así como queríamos criar a nuestros hijos.

“Hacer lo imposible, es bastante divertido” declaro una vez Walt Disney. Aquel era el tipo de actitud que atraía a Jobs. Admiraba la obsesión de Disney por el detalle y el diseño, y sentía una simbiosis natural entre Pixar y el estudio cinematográfico fundado por aquel hombre.
Pero, además, la Walt Disney Company habia obtenido una licencia de uso para CAPS de Pixar, y aquello la convertía en el mayor cliente de ordenadores de la empresa.


Una de sus nuevas manías era el Newton, el asistente digital personal y de bolsillo que, en teoría, era capaz de reconocer la escritura manual.
… Jobs lo detestaba. Despreciaba la idea de utilizar un lápiz o un puntero para escribir en la pantalla. “Dios nos dio diez punteros –solía decir, agitando los dedos-. No hace falta inventar otro”.

Mientras hablaba, su pasión iba manifestándose con creciente intensidad, y comenzó a utilizar “nosotros” y “yo” en lugar de “ellos” para referirse a las próximas iniciativas de Apple. “Creo que todavía hace falta pensar de forma diferente para comprar un ordenador de Apple –comento-. La gente que los compra piensa de manera diferente. Es la gente que tiene espíritu creativo, y esta dispuesto a cambiar el mundo. Nosotros creamos herramientas para ese tipo de personas”.
… “nosotros también vamos a pensar de forma diferente, vamos a ponernos al servicio de la gente que ha estado comprando nuestros productos desde el principio. Muchos pensaran que son locos, pero nosotros en esa locura vemos genialidad”.

Sin embargo, aquello era real, y Gates –que no era consciente de los abucheos- comenzó a hablar vía satélite desde la sede central de Microsoft. “Algunos de los  trabajos mas emocionantes que e llevado acabo a lo largo de mi carrera han tenido lugar junto a Steve con el ordenador Machintosh”.
Gates fue incluso capaz de provocar algunos aplausos cuando aseguro que las nuevas versiones de Word y Excel para mac estarían “en muchos sentidos mas avanzadas que las que hemos preparado para la plataforma Windows”.
Jobs se dio cuenta de que aquella imagen de Gates presidiendo el auditorio era un error. “Yo quería que él viniera a Boston –declaro posteriormente-. Aquel fue el peor acto de presentación y el mas estúpido de mi vida. Fue malo porque nos hacia parecer insignificantes a mí y a Apple, como si todo estuviera en manos de Bill”.

Este es un homenaje a los locos. A los inadaptados. A los rebeldes. A los alborotadores. A las fichas redondas en los huecos cuadrados. A los que ven las cosas de forma diferente. A ellos no les gustan las reglas, y no sienten ningún respeto por el status quo. Puedes citarlos, discrepar de ellos o vilipendiarlos. Casi lo único que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Son los que hacen avanzar el genero humano. Y aunque algunos los vean como a locos, nosotros vemos su genio. Porque las personas que están lo suficientemente locas como para pensar que pueden cambiar el mundo… son los que cambian.

Discutieron sobre los matices gramaticales: si se suponía que “diferente” iba a modificar el verbo “piensa”, quizá debería quedar claro el matiz adverbial, como en “piensa de modo diferente”. Sin embargo, Jobs insistió en que quería que “diferente” se pudiera asimilar como un concepto propio, como en “piensa en la victoria” o “piensa en la belleza”. Además, recordaba al uso coloquial de otras frases como “piensa en grande”. Según explico después el propio Jobs, “antes de incluirlo discutimos si era correcto. Es gramaticalmente correcto si piensas en lo que estamos tratando de decir. No es “piensa lo mismo”, es “piensa diferente”. Piensa un poco diferente, piensa muy diferente, piensa diferente. “Piensa de modo diferente” no habría tenido el mismo significado para mí”.

Además de los anuncios en televisión, crearon una de las campañas de prensa mas memorables de la historia. Cada anuncio mostraba el retrato en blanco y negro de un personaje histórico de especial simbología junto al logotipo de Apple y las palabras “Piensa diferente” en una esquina. Particularmente llamativos resultaban los rostros que no incluían ningún pie de foto. Algunos de ellos –Einstein, Gandhi, Lennon, Dylan, Picasso, Edison, Chaplin, Martin Luther King- eran fáciles de identificar. Sin embargo, otros hacían que la gente se detuviera, reflexionara y tal vez le pidiera a un amigo que lo ayudar a ponerle nombres a la cara: Martha Graham, Ansel Adams, Richard Feynman, Maria Callas, Frank Lloyd Wright, James Watson o Amelia Earhart.

La mayoría de ellos eran ídolos personales de Jobs, normalmente gente creativa que había asumido riesgos, había desafiado al fracaso y se había apostado su carrera entera por hacer las cosas de forma diferente.

Desde que salió de la comuna del huerto de manzanos, Jobs se definió –y, por extensión, Apple se definió también así- como un hijo de la contracultura. En anuncios como el “Piensa diferente” y “1984”, presentaba la marca de Apple de forma de reafirmarse su propia faceta rebelde, incluso capaz de hacer que otros miembros de la generación baby boom, y sus hijos, se sintieran de igual forma.

“Steve creo la única marca de la industria tecnológica que promocionaba todo un estilo de vida –comentó Larry Ellison-. Hay coches que la gente se enorgullece de tener, como Porsche, Ferrari  o Toyota Prius, porque lo que una persona conduce dice algo su personalidad. La gente sentía lo mismo con respecto a los productos de Apple”.

“Detesto que la gente recurra a las presentaciones de las diapositivas en lugar de pensar –recordaba Jobs-. La gente a los problemas creando una presentación. Yo quería que se comprometieran, que discutieran los temas sentados a una mesa, en lugar de mostrarme un puñado de diapositivas. La gente que sabe de lo que esta hablando no necesita PowerPoint”.

“Siempre fui consiente de la belleza de los productos hechos a mano. Llegue a darme cuenta de que lo que realmente era importante era el cuidado que se ponía en ellos. Lo que mas rechazo me produce ver un producto descuidado”.

Ive era seguidor del diseñador industrial alemán Dieter Rams, que trabajaba para la firma de electrodomésticos Braun. Rams predicaba el evangelio de “menos, pero mejor” –“Weniger aber besser”-, y, de la misma forma ,Jobs e Ive se enfrentaban a cada nuevo diseño para ver cuanto podían simplificarlo. Desde el primer folleto de Apple redactado por Jobs proclamo que “la sencillez es la máxima sofisticación”, el había buscado la sencillez que se obtiene como resultado de controlar la complejidad, no de ignorarla. “Hace falta mucho trabajo –afirmo-para que algo resulte sencillo, para comprender de verdad los desafíos latentes y obtener soluciones elegantes”.

El diseño es el alma fundamental de una creación humana que acaba por manifestarse en las sucesivas capas exteriores.

En la mayoría de las otras empresas, la ingeniería tiende a ser la que determina el diseño. Los ingenieros plantean sus requisitos y especificaciones, y entonces los diseñadores crean cubiertas y tapas que puedan acomodarlos. Para Jobs, el proceso tendía a funcionar en sentido inverso. Durante los primeros días de Apple, Jobs había aprobado el diseño de la carcasa del primer Machintosh, y los ingenieros tuvieron que conseguir que sus placas y componentes cupieran en ella.

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